#20deEnero

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En algún libro o lugar del cual no recuerdo el nombre, leí que el hombre es un ser de costumbres y repeticiones. El 20 de enero es un estribillo de mi vida y una fecha que siempre recuerdo con especial emoción y añoranza. Es el día de San Sebastián para los católicos, mi santo, del que soy devoto incluso cuando en más de una ocasión me he cuestionado la existencia de Dios. Por otro lado soy de los que nunca olvida esa mirada buscando mi cara, la madrugada del 20 de enero saliendo del tren…

2014-09-28 22.34.33

Pido a mi Santo, prendo mi vela

Sebastiane

Sebastiane

Glorioso san Sebastián
que alcanzaste de Dios
tanta fe y caridad,
que llegaste a sacrificar tu vida
por obedecer a Dios
y socorrer fielmente
a tus hermanos cristianos.

 

 

Sebastián

Sebastián

 

Ahora que vives junto a Dios
escucha las plegarias y súplicas
de los que te invocan
con gratitud, fe y devoción,
y acuden a ti desde los campos,
pueblos y ciudades.

 

 

 

Sebastian

Sebastian

Mártir de Cristo,
alcánzanos de Dios que,
confesando nuestra fe,
acojamos el Reino
anunciado por Jesucristo
con verdadero espíritu de penitencia
y vivamos como hijos de Dios.
Que nuestros hogares
sean verdaderos templos de amor
en donde florezca la santidad,
reinen el bienestar, la alegría y la paz.
Que en nuestro trabajo
reinen la justicia y la concordia.

St. Sebastian

St. Sebastian

 

Líbranos de todo egoísmo y maldad
para que, fraternalmente unidos,
vivamos en esta hermosa tierra
que Dios nos ha dado
de acuerdo con los valores del Reino:
especialmente la verdad, la justicia y el amor.

San Sebastián mártir glorioso,
lleva nuestros ruegos ante Dios
y concédenos tu especial intercesión
para que podamos obtener lo que aquí pedimos…

 

 

Sebaastiane

Sebaastiane

San Sebastián, atiende nuestras plegarias,
ayúdanos a conseguir lo que solicitamos
y danos fuerza y confianza,
para que siguiendo tu ejemplo de fe,
esperanza y caridad
podamos alcanzar la vida eterna
que Jesús promete a los que perseveran hasta el fin
y para que bajo la protección de María, nuestra Madre,
lleguemos a Él,fuente de eterna felicidad.
Amén.

Yo te perdí una tarde de abril

Bahía Donostiarra

Bahía Donostiarra

Yo te perdí una tarde de abril
y desde entonces soy un lagarto.
Quiero vivir en otra ciudad,
porque tu risa ya no está con mi risa.
Vete a saber si cuando quieres volver
lo haces de corazón o porque pesa el dolor.
Ven a bailar y si te quieres quedar
te llevaré hasta el cielo en mi coche.

                                                         -Family

Leraikha

Leraikha

Leraikha

Fui víctima del verde arquero del Hades.

Llamado por unos Leraje,

conocido por otros como Leraye.

En Helheim es nombrado Loray

y en Niflheim simplemente Oray.

 

Leraikha

Leraikha

Para mí fue el Marqués Leraikha.

Hice caso omiso a todos,

me burlé de los rumores.

Creí saber más que todos y tener el control.

Y aquí estoy, con mi último vaho…

 

martyr

martyr

Me dio una muerte digna de un grande.

Usó su arma predilecta y certera.

Me martirizó con flechas tal mi amado Sebastián.

Detallista, atento y complaciente hasta el final,

que no se le acuse de lo contrario.

 

Dos tipos de dialectos

Víctor

Víctor

Allí le conocí. Él trabajaba en una obra con mochuelos, yo quedé cautivado por sus lisos cabellos azabaches, su altura, esa cara con facciones peculiares y sobre todo su sonrisa. Ahí me quedé como idiota y sin noción de mí me acerqué a él.

Me dijo que su nombre era Ián y me preguntó si le echaba una mano. Accedí, pero con lo atontado que estaba lo que hice fue empeorar su obra. Ián sonrío, tras dejar el trabajo a un lado lo acompañé a su casa donde entre porros e historias terroríficas llegó el ocaso y nos despedimos.

Al día siguiente comenzó el campamento. Saber que Ián estaría allí me animó. Las relaciones en el campo eran difíciles, solo existían fuertes riñas que acabaron por dividirnos. Para mi desgracia Ián estaba en un grupo inalcanzable para mí. Soy un renegado y por andar fantaseando con Ián ni me esforcé por hacer amigos o conocer a los demás. Pero no fui el único en ese barco, una chica y otros dos vagaban por los alrededores del vivac.

Danya, la chica, se acercó a mí y sin rodeos me instó para formar un grupo. Es una chica interesante y yo tampoco estaba en condiciones de exigir nada, le dije que sí y fuimos donde los otros dos. Lemo a simple vista me sonrió indicando que era nuestro y Víctor, que tenía unos rizos dorados asombrosos, fue cuestión de Danya. Al amanecer estábamos los cuatro de un humor de perros, pero unidos como una jauría.

A medida que pasó el tiempo hicimos un buen equipo, cada cual con sus secretos, pero preparándonos como verdaderos guerreros. Llegando al Monte Urgull las tensiones entre los demás grupos acrecentaron. La verdadera guerra estuvo entre nosotros todo el tiempo. Una noche Danya llegó entre ira y llanto, sin decir palabra alguna se echó a dormir. Al tiempo notamos como su vientre crecía y sus caderas se hacían más anchas.

Todo se tornó en un caos mítico del cual mi único consuelo era la sonrisa que recibía de Ián a metros de distancia. Decididos a abandonar la montaña y con el invierno sobre nosotros, todo se volcó. Escapar parecía imposible escuchábamos armas a lo lejos y gritos de aflicción. Víctor salió una noche entera y regresó al alba con rastros de sangre por todo su cuerpo. Nos estremeció a todos.

Fue directo donde Danya, besó su vientre y dijo:

Mis padres tienen tieras en Valparaíso, este será mi hijo si así deseas, nos iremos lejos y empezaremos con hoja en blanco.

Danya con alguna lagrimilla en los ojos accedió, pero se preocupó por Lemo y por mí. Víctor lo pensó por algún rato y respondió:

Podrán venir con nosotros si desean, pero el precio será caro y va más allá del metálico.

Conversé con Lemo y decidimos unirnos a Víctor, a fin que sin familia, en un lugar que no conocíamos y con sanguinarios colegas que nos asechaban, lo que nos aguardaría sería una muerte segura. Según Víctor teníamos que esperar dos noches y pagar el precio.

Pasaron las dos noches y entre aullidos y sonidos escalofriantes entró una bestia a la cabaña. Aunque tenía una apariencia de película de terror, una vaga figura humana se divisaba en ella. Su mirada penetrante nos confirmó que se trataba de Víctor. Razoné muy rápido y miré a Danya y Lemo, los tres comprendimos el precio a pagar. No sé ellos, yo cerré los ojos respiré hondo y procuré no gritar con el severo dolor que sentí.

En la mañana los tres nos recuperábamos de las heridas. Sentí como si mi organismo cargara con algunas partículas nuevas. Sin mucho reposo iniciamos el camino que nos llevaría al mar desde donde zarparíamos. El descenso por la montaña no fue fácil, los otros grupos aguardaron con los ojos abiertos para cazarnos. Armados y con prepotencia nos llevaron a su campamento. Víctor nos sugirió no poner resistencia y eso hicimos.

Encerrados esperamos  la llegada de la noche y nuestro momento.  No recibimos alimento, ni comunicación alguna a lo largo de las horas. Los más crueles de ellos a veces lanzaban zarigüeyas o ardillas salvajes a la celda. A lo lejos contemplé a Ián, sólo que no me sonrió, me miró fijamente y levantó su mano.

La llegada de la noche trajo una sensación de de hormigueo constante y cambios en nuestros cuerpos. No solo yo lo sentía, Danya y Lemo también. Víctor nos dijo que en el momento de la metamorfosis sólo siguiéramos los instintos. Los rayos lunares encontraban nuestras pieles, era como si la luna se deshojara y cada pétalo se fusionara con nosotros. Aún erguidos hicimos la celda añicos y poco a poco adoptamos una postura en cuatro patas e iniciamos la caza nosotros.

Concretamente no llevé la cuenta de mi cacería, si recuerdo que estuve frente a Ián. En lugar de acabarlo solo lamí su rostro. Ián entendió el mensaje, su miedo disminuyó y montó sobre mí. Lo puse a salvo lejos de mis hermanos en la antigua cabaña. Sin mucha leña estuve cerca de él, no solo por la vigilia sino también por cuestión de calor. En la mañana al despertar su cabeza estaba sobre mi costado y mi mano sobre sus cabellos.

Me incorporé del suelo mientas contemplé las marcas y residuos sanguíneos de mi cacería. Ián soñoliento se levantó y me abrazó fuertemente. Comprendió que esa era nuestra despedida. Todo inició con una elección y concluyó con una decisión. No restó más que darnos un largo y desgarrador beso y el último abrazo. Ián debía encontrar la Autoridad y remediar sus errores, yo tenía una camada esperando y una nueva vida a kilómetros de distancia. Mientras me marchaba Ián se quitó su abrigo y me lo entregó, nos dimos un último beso y no miré más hacia atrás.

Caminé solo hasta la costa. Una de las grandes ventajas de la metamorfosis es que con ella abandoné el miedo a la muerte, soy más fuerte. Llegué justo a tiempo, a los pocos minutos el barco zarpó. Lemo lanzó una expresión de consuelo en cuento me vio y me recibió con un cálido abrazo. Al subir al barco vimos a Víctor sentado junto a Danya mientras acariciaba su vientre. En ese momento miré a Lemo y los dos intrigados pensamos … ¿esto que nos pasó se transmitió al hijo de Danya?