Lõplik

1.2Las calles pudimos conquistar, pero ellas nos conquistaron a nosotros, se llevaron nuestros corazones con cada sorbo de odio. Caminamos, pero ya no vimos los mismos faroles, la niebla de tus mentiras hizo las calles oscuras y frías. Entramos, intentamos calentarnos uniendo los labios, las manos, los cuerpos…pero todo ya estaba perdido. Ya no eramos los mismos y la venda de mis ojos había caído.

La Metamorfosis II parte

***Advertencia de contenido sexual explícito***

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…por el mundo estará y lo voy a encontrar.
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Éfeso, invierno

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Los días se tornaron grises para Calino. El verano fue largo y cálido. Llevaba su vida como un sinsentido. Sabía que debía continuar, no arrojarse a la melancolía, ni abrazarse a la añoranza y mucho menos sumergirse en un mundo irracional de preguntas sin respuestas.

Para qué mentir, lo cierto era que no había día que no pensara en Sileno, que no fuera a los estanques en busca de los cisnes y que no se tumbara al suelo a contemplar la Naturaleza. Sileno no le mintió, en efecto, la más gélida brisa y las lívidas nubes, todo le daba una sensación de compañía y sosiego, como si estuviera él entre sus brazos.

Calino y Sileno 1Recostado de un árbol el ensueño abrigó a Calino, fueron segundos, quizás horas, en las que estuvo atrapado en sueños de ambrosía y lujuria. Llegó el momento en que percibió otra presencia, sabía que no estaba solo. La brisa, para su sorpresa, le trajo ese aroma peculiar que sólo hallaba en Sileno.

Calino no quiso abrir los ojos, temía que fuera un sueño, uno más de los muchos que había tenido, y que al abrirlos todo se disipara. Pero la presencia se acercó, lo suficiente como para que Calino sintiera su respiración merodear su cuerpo desnudo. Sin más ademán Calino sintió que se agachó y le tomó una mano, mientras él colocaba la otra en su cabeza y acariciaba sus cabellos. No había dudas era Sileno.

Calino y Sileno 2Ya sin miedo, Calino abrió los ojos y corroboró que sí se trataba de su amado, de su Sileno. Sin embargo, notó que no lucía tal cual como se había despedido hacía un tiempo atrás. Una metamorfosis, sería la explicación que se haría Calino. Mas Sileno se levantó y le explicó que eso que estaba viendo era su realidad, eso mitad hombre y mitad bestia era él, así nació y así creció, como un Fauno al que otros llamaban Sátiro.

Al ver a Calino por primera vez y prendarse de amor acudió a su querido Tritón en voz de ayuda quien le permitió una metamorfosis humana, pero efímera. Calino saltó a sus brazos y en el más cálido y fuerte abrazo le susurró al oído que lo amaba, que siempre sería su Sileno, fuera hombre, sátiro o bestia.

Calino y Sileno 3La Naturaleza, el paisaje y esa tarde en Éfeso fueron testigos de los más apasionados y sinceros besos. Era como si tanto Sileno como Calino dejaran la vida en cada beso, como si no hubiera pasado tiempo entre ellos, o como si tuvieran que recompensar el tiempo perdido. Las ya notadas erecciones de ambos daban un toque erótico, viril y lujurioso. Sin más esperas y mientras sus lenguas estaban entrelazadas Sileno comenzo a masajear y acariciar el miembro cada vez más erecto y húmedo de Calino.

Calino y Sileno 4Excitado y extasiado Calino se arrodilló ante Sileno y comenzó a repetir los movimientos que hacía un rato Sileno le hizo a él, sólo que Calino le dio un toque más fuerte, algo en su interior le decía que Sileno quería más, que la parte bestia de Sileno no se saciaría con facilidad.

Calino frotó y frotó con tal firmeza que la humedad en el rabo de Sileno cada vez era más abundante, miró fijo a los ojos a su amado y procedió a emplear su boca. Humedeció tanto la entrepierna de Sileno que en segundos le llegó el sabor de ese manjar más dulce que el alimento de los dioses.

Con la lujuria a tope y resaltada a cada segundo, en viceversa, por ratos se turnaban y sólo se miraban, sonreían y continuaban. Sileno fue pasando con su lengua por todos los rincones del cuerpo de Calino.

Calino y Sileno 5En un inicio la cara de Calino reflejó miedo, pero Sileno fue acariciando y haciendo movimientos gloriosos con su lengua. Calino, solo gemía y pedía que continuara y no parara. El talento de Sileno fue tan grande que Calino sin más le pidió ser suyo completamente. Y fue Afrodita testigo de una de las entregas más emotivas y placenteras.

Calino y Sileno 6Finalmente y tras tan ardua jornada, extenuados se tumbaron en el suelo y se entregaron a los brazos de Morfeo. Juntos, abrazados y albergando una nueva esperanza de su gran amor, disfrutaron el calor de dormir acompañados. Calino tenía muchas fuerzas que recuperar y Sileno soñaba con la hora de entregarse él completamente a Calino.

Primera parte del relato aquí: La Metamorfosis

El Último Rey de Sagarmatha

King EynnorEsperó en su trono hasta que el ocaso llegó a su vida. Nada le era suficiente, nunca estuvo complacido. Su ego le jugó las cartas equivocadas. Su majestad pensó que los controlaba a todos. Gozó de la gracia de muchos dioses en su forma mortal.

La arrogancia combinada con la supuesta supremacía le hicieron osar contra el destino. Hoy se encuentra en su vanagloriado trono, acompañado de su persona y su soberbia. Ahí está recordando sus pecados y esperando pleitesía.

De lo que nunca se enteró el rey Eynnor fue de que su reinado hacía mucho que había caducado. Era un rey sin súbditos ni peones. Allí estaba en su amado trono, en la cima que siempre añoró, pero solo y recordando. Para este rey recordar no era vivir, recordar era sufrir.

Seera

Seera

Seera

 

Y el gran Seera cayó víctima de sus poderes. Ya no podía controlar el tiempo y lo peor; perdió su invulnerabilidad al paso del tiempo.

Ahora yace atado sobre la rueda de Láquesis espiando sus culpas. Su único consuelo estriba en un poco de placer fugaz que desmerece al ocaso.

Perícles y Merlina

◤…y adónde vaya, adónde vaya, sé que este miedo volverá mañana…◢

 

Azerole – Brumaire – 1989

 

La autopista del sur

La autopista del sur

Transcurría un día soleado y radiante, (un día horroroso para ellos), tenían que ir a la capital, no sabían bien el porqué, pero sí que su deber era ir hacia allá. Muchos pesares, muchas molestias, muchos pretextos, pero al final a las 10:10 a. m. partieron a su destino. Merlina al volante y Perícles en sus libros. Al pasar el peaje de la estación Norte El día comenzó a tornarse gris, luego negro, lluvias fuertes y tronadas hacían dibujos y siluetas en el cielo. Perícles y Merlina comenzaron a sentirse mejor.

No existe unidad o medida de tiempo para explicar el evento sucedido, quizás una cuestión de segundos. Ni siquiera las ventanas cerradas fueron impedimento para que los hermanos oyeran sirenas alarmantes y gritos de angustia. Entre unos cuantos parpadeos vieron patrullas y ambulancia. En instantes Merlina sin comprenderlo aceleraba y aceleraba hasta que ya no podía hundir más su pie derecho en el pedal.

La distancia trajo a la atmósfera nuevas resonancias y sonsonetes. Sin mirar atrás, olor a humo y hedor a muerte traspasaron los vidrios del vehículo. Sonidos de disparos y una gran explosión fue lo último que recordaron.


 …and after all God can keep my soul
England have my bones
But don’t ever give me up
I could never get back up when the future starts so slow.

 

12 de noviembre de 2668~

 

Toledo12Cerrado el portal y tumbados en ruinas de piedra, Perícles y Merlina se encontraron en lo que era un lugar viejo que ya conocían, pero que les resultaba extremadamente diferente y nuevo. De primeras los aires y el paisaje solo aludían a miseria y decadencia. Incorporados decidieron emprender camino y saber en dónde se encontraban.

Al salir del pequeño laberinto de piedra vieja, notaron demasiadas personas hablando infinidad de idiomas que no les resultaron familiares. Sintieron un sol más caliente que cualquier verano que recordarán y la ciudad más bien era los restos de lo que fuera en un pasado.

Sin prensa ni medio comunicativo que consultar, no les quedo más que caminar y caminar hasta dar con alguien que los entendiera. Luego de horas de cansancio y sed encontraron a un grupo de personas que compartían su idioma. Los llevaron a las ruinas de un puente viejo y le contaron que ese lugar en años previos se llamaba el Alcántara, aproximadamente transcurría el año 2668.

Una baza umbría cubrió las tierras algunos siglos atrás y dejó al irse una desproporción acentuada en los días, las noches, las estaciones y la noción del tiempo. Por alguna razón el interior del puente conservó estanques, del agua verdezca del Tajo, llenos de cuervos muertos, podredumbre y putrefacción

PicsArt_1404165786003Las personas que se lanzaban a los arroyos eran transportados a otra dimensión, otro espacio u otro tiempo, era una incógnita, pues ninguno de los osados que se lanzaron había regresado. Una mujer vieja llamada Eudora y que según algunos era una charlatana, había otorgado el título de sagrado al Puente Alcántara y antes de lanzarse a su suerte advirtió que hasta que Alcántara y San Martín no unieran sus restos la era umbría continuaría…

Perícles estudió un rato las aguas, los cadáveres y osamentas de los cuervos, vio como los gusanos habitaban y anidaban los restos de las alas y se regocijaban entre cataratas de carroña y agua estancada. Sin pensarlo ni meditarlo no dijo ninguna palabra a Merlina y se lanzó a una de las ciénagas…


 

…soy una moneda en la fuente con mi deseo pendiente.

12 de noviembre de 2013

 

Sauce-Llorón-Feng-Shui-1Llegó al municipio más conocido del sur, su amiga Lorraine se encontraba viviendo allí, ya hacía un tiempo, y recién estrenaba su piso, así que lo invitó. La casa no era la más grande, pero sí lo era su jardín, podría ser el triple (quizás el cuádruple) de la casa. Merecían honores las ventanas hechas en vitrales coloridos y que casi parecían vivos, pero lo que más distinguía y resaltaba era un enorme sauce llorón y un estanque, para nada cristalino, que en las noches reflejaba las estrellas y la cálida luna del invierno.

Daba la impresión de que junto a las aguas del Leteo había plumas y fragmentos de alas negras. La estadía se prolongó y se fue convirtiendo en una estancia, todas las tardes y hasta entrada las brisas gélidas de la noche, Lorraine lo contemplaba desde su ventana y allí bajo el regazo del árbol siempre estaba Perícles. El árbol se transformó en el lugar de sus reuniones y actividades.

Una tarde tomó la siesta y al despertar sintió el impulso de cavar entre las viejas raíces del gran árbol y aunque se lastimó, y la sangre manó de entre sus dedos, continuó hasta sentir un golpe fuerte y encontrar un libro. Fue como si la tierra conservara al libro, que desde su portada cautivó toda su atención y quedó perpetuada luego de leer el título; L’Empire de aux Antiques et Haute Magie.

Las próximas tardes transcurrieron entre lectura y lectura, hasta que una página se desprendió del libro y la brisa la llevó al estanque donde el agua negruzca parecía absorber las letras de la página y succionar la hoja hasta que la hundió. Allí fue Perícles a intentar rescatar la página, sin razonar ni reflexionar introdujo su mano y una poderosa fuerza magnética lo sucumbió de golpe en las azabaches aguas. Lorraine que lo contemplaba desde los vitrales sólo tuvo tiempo para lanzar un azorado suspiro, Perícles no sabía nadar…

Dos tipos de dialectos

Víctor

Víctor

Allí le conocí. Él trabajaba en una obra con mochuelos, yo quedé cautivado por sus lisos cabellos azabaches, su altura, esa cara con facciones peculiares y sobre todo su sonrisa. Ahí me quedé como idiota y sin noción de mí me acerqué a él.

Me dijo que su nombre era Ián y me preguntó si le echaba una mano. Accedí, pero con lo atontado que estaba lo que hice fue empeorar su obra. Ián sonrío, tras dejar el trabajo a un lado lo acompañé a su casa donde entre porros e historias terroríficas llegó el ocaso y nos despedimos.

Al día siguiente comenzó el campamento. Saber que Ián estaría allí me animó. Las relaciones en el campo eran difíciles, solo existían fuertes riñas que acabaron por dividirnos. Para mi desgracia Ián estaba en un grupo inalcanzable para mí. Soy un renegado y por andar fantaseando con Ián ni me esforcé por hacer amigos o conocer a los demás. Pero no fui el único en ese barco, una chica y otros dos vagaban por los alrededores del vivac.

Danya, la chica, se acercó a mí y sin rodeos me instó para formar un grupo. Es una chica interesante y yo tampoco estaba en condiciones de exigir nada, le dije que sí y fuimos donde los otros dos. Lemo a simple vista me sonrió indicando que era nuestro y Víctor, que tenía unos rizos dorados asombrosos, fue cuestión de Danya. Al amanecer estábamos los cuatro de un humor de perros, pero unidos como una jauría.

A medida que pasó el tiempo hicimos un buen equipo, cada cual con sus secretos, pero preparándonos como verdaderos guerreros. Llegando al Monte Urgull las tensiones entre los demás grupos acrecentaron. La verdadera guerra estuvo entre nosotros todo el tiempo. Una noche Danya llegó entre ira y llanto, sin decir palabra alguna se echó a dormir. Al tiempo notamos como su vientre crecía y sus caderas se hacían más anchas.

Todo se tornó en un caos mítico del cual mi único consuelo era la sonrisa que recibía de Ián a metros de distancia. Decididos a abandonar la montaña y con el invierno sobre nosotros, todo se volcó. Escapar parecía imposible escuchábamos armas a lo lejos y gritos de aflicción. Víctor salió una noche entera y regresó al alba con rastros de sangre por todo su cuerpo. Nos estremeció a todos.

Fue directo donde Danya, besó su vientre y dijo:

Mis padres tienen tieras en Valparaíso, este será mi hijo si así deseas, nos iremos lejos y empezaremos con hoja en blanco.

Danya con alguna lagrimilla en los ojos accedió, pero se preocupó por Lemo y por mí. Víctor lo pensó por algún rato y respondió:

Podrán venir con nosotros si desean, pero el precio será caro y va más allá del metálico.

Conversé con Lemo y decidimos unirnos a Víctor, a fin que sin familia, en un lugar que no conocíamos y con sanguinarios colegas que nos asechaban, lo que nos aguardaría sería una muerte segura. Según Víctor teníamos que esperar dos noches y pagar el precio.

Pasaron las dos noches y entre aullidos y sonidos escalofriantes entró una bestia a la cabaña. Aunque tenía una apariencia de película de terror, una vaga figura humana se divisaba en ella. Su mirada penetrante nos confirmó que se trataba de Víctor. Razoné muy rápido y miré a Danya y Lemo, los tres comprendimos el precio a pagar. No sé ellos, yo cerré los ojos respiré hondo y procuré no gritar con el severo dolor que sentí.

En la mañana los tres nos recuperábamos de las heridas. Sentí como si mi organismo cargara con algunas partículas nuevas. Sin mucho reposo iniciamos el camino que nos llevaría al mar desde donde zarparíamos. El descenso por la montaña no fue fácil, los otros grupos aguardaron con los ojos abiertos para cazarnos. Armados y con prepotencia nos llevaron a su campamento. Víctor nos sugirió no poner resistencia y eso hicimos.

Encerrados esperamos  la llegada de la noche y nuestro momento.  No recibimos alimento, ni comunicación alguna a lo largo de las horas. Los más crueles de ellos a veces lanzaban zarigüeyas o ardillas salvajes a la celda. A lo lejos contemplé a Ián, sólo que no me sonrió, me miró fijamente y levantó su mano.

La llegada de la noche trajo una sensación de de hormigueo constante y cambios en nuestros cuerpos. No solo yo lo sentía, Danya y Lemo también. Víctor nos dijo que en el momento de la metamorfosis sólo siguiéramos los instintos. Los rayos lunares encontraban nuestras pieles, era como si la luna se deshojara y cada pétalo se fusionara con nosotros. Aún erguidos hicimos la celda añicos y poco a poco adoptamos una postura en cuatro patas e iniciamos la caza nosotros.

Concretamente no llevé la cuenta de mi cacería, si recuerdo que estuve frente a Ián. En lugar de acabarlo solo lamí su rostro. Ián entendió el mensaje, su miedo disminuyó y montó sobre mí. Lo puse a salvo lejos de mis hermanos en la antigua cabaña. Sin mucha leña estuve cerca de él, no solo por la vigilia sino también por cuestión de calor. En la mañana al despertar su cabeza estaba sobre mi costado y mi mano sobre sus cabellos.

Me incorporé del suelo mientas contemplé las marcas y residuos sanguíneos de mi cacería. Ián soñoliento se levantó y me abrazó fuertemente. Comprendió que esa era nuestra despedida. Todo inició con una elección y concluyó con una decisión. No restó más que darnos un largo y desgarrador beso y el último abrazo. Ián debía encontrar la Autoridad y remediar sus errores, yo tenía una camada esperando y una nueva vida a kilómetros de distancia. Mientras me marchaba Ián se quitó su abrigo y me lo entregó, nos dimos un último beso y no miré más hacia atrás.

Caminé solo hasta la costa. Una de las grandes ventajas de la metamorfosis es que con ella abandoné el miedo a la muerte, soy más fuerte. Llegué justo a tiempo, a los pocos minutos el barco zarpó. Lemo lanzó una expresión de consuelo en cuento me vio y me recibió con un cálido abrazo. Al subir al barco vimos a Víctor sentado junto a Danya mientras acariciaba su vientre. En ese momento miré a Lemo y los dos intrigados pensamos … ¿esto que nos pasó se transmitió al hijo de Danya?

El precio del pecado

Eósforo

Eósforo

Ya era tarde para lamentos. Los pecados fueron consumados. El éxtasis del momento y los impulsos irracionales lo hicieron actuar. Ahora descendía del Olimpo, sabiendo que no tendría una nueva acogida. Comenzó a entender lo efímero de las cosas, la importancia de pensar con la cabeza y no con la polla.

Poco podía hacer, sólo recordar sus pecados y sufrir la penitencia de ser un mortal. Ahora andará por la vida, su mayor agonía es que tuvo la elección de una vida amena y por un fugaz placer la perdió.