El cuento en América Latina

Cuentos latinoamericanos : antologíaNo es una sorpresa para muchos de ustedes mi admiración y devoción hacia Julio Cortázar. En ese ámbito y mientras leía las Clases de literatura (Berkeley, 1980) me tropecé con una interrogante interesante. Cortázar menciona:

Tengo la impresión de que hasta este momento al menos yo no conozco ningún trabajo crítico que responda de manera satisfactoria a por qué en América Latina el cuento es tan popular y alcanza una calidad que lo coloca al nivel de los mejores que se puedan imaginar o escribir en el planeta.

Esta cuestión quedó haciendo ecos en mi mente y me motivó a hacer una búsqueda crítica del tema e intentar, al menos, responderla o presentar las teorías más acertadas sobre el rol del cuento en la sociedad y la literatura latinoamericana.  A fin de que el subtítulo de esta página es “Cuando empecé este blog el dinosaurio todavía estaba allí”.

Tuve la oportunidad de tomar cursos de literatura en Latinoamérica (Puerto Rico, Colombia) y en Europa (España, Bélgica, Francia). Debo tomar el camino de algunos críticos y señalar que, en efecto, hay un tratamiento diferente del cuento en este lado del hemisferio. Mientras los currículos y las materias europeas suelen galardonar y hacer una oda del género llamado novela, el cuento queda rezagado a un segundo y tercer plano de inferior importancia y valor literario. Tanto en Madrid como en París y Bruselas, y posiblemente cualquier otra ciudad europea de corte occidental, la novela es el máximo escalón del desarrollo literario, mientras que el cuento pasa a ser un género que como el arte contemporáneo es mal estudiado e interpretado.

Desde México y la cuenca caribeña, por toda Centroamérica, pasando a través de los países hispanohablantes en América del Sur y llegando a Brasil, encontramos grandes cuentistas que destacaron desde la formación de las jóvenes naciones hasta la actualidad como grandes cuentistas. Dentro del mismo escenario hallamos la contraparte; un público latinoamericano apasionado que como bien señaló Julio Cortázar ama y espera los cuentos.

Si miramos currículos académicos de diferentes universidades americanas y europeas o Cuando hablamos de “literatura universal” y hacemos una búsqueda de “clásicos universales” Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Horacio Quiroga, Gabriel García Márquez, son algunos de los nombres que veremos en repetidas ocasiones en el proceso de ese pequeño experimento que menciono.

Leyendo, y haciendo la investigación pertinente sobre el tema, me encontré con críticas cargadas de prejuicios históricos. Así por ejemplo la primera teoría europea que intenta explicar este fenómeno que llamaré cuento > novela en Latinoamérica, dice que esto sucede porque sus habitantes son seres incultos y vagos que no les gusta ni leer mucho, ni escribir mucho. Salta a la vista que abandoné inmediatamente este planteamiento.

La otra suposición, que es aborda por Cortázar y que les presento el día de hoy, es contradictoria, pero interesante. Hay una médula romántica en los cuentos latinoamericanos que presentan una realidad muy latinoamericana que superó y rebasa barreras antes que en Europa. Esto se podría traducir de otra manera: en Latinoamérica no existe el peso de la modernidad o la añoranza del pasado. Un pasado que carga una lenta evolución que duró siglos.

El marco americano, en palabras de Cortázar, pasó de la conquista a la colonización y luego a la independencia en un lapso cronológico muy corto. Los escritores latinoamericanos se enfrentaron a un vacío evolutivo que los colocó ante una cultura moderna y una idioma que les permitió un sinfín de expresiones.

De acuerdo a esta interpretación, inconscientemente los escritores latinoamericanos se enfrentan a ese vacío que los ubica en una tenue línea temporal que los acerca a sus antepasados precolombinos que eran culturas orales, desde el río Bravo hasta la Patagonía. Los principales escritos de las culturas incaicas, aztecas y mayas presentan cosmogonía y mitologías por medio de pequeños cuentos o relatos cortos, si usamos la vara de medición europea.

El resumen de esta teoría en palabras más elaboradas sería que nuestros escritores están muy arraigados a esa etapa oral a la cual le hace falta una evolución de siglos y por consiguiente un cuento llega de forma natural a un argentino, mexicano o peruano.

Entraría aquí la principal contradicción a la teoría, culturas precolombinas de áreas como el cono sur de América o la taína en el Caribe, no gozaron de ese pasado glorioso y oral que si tuvieron México, Perú y Argentina. Por la tanto esta hipótesis interesante y jugosa tendría unos pies de barro que impide un escenario geográfico completo.

Ahora, alejándome de las palabras de Cortázar y las teorías expuestas, buscaré en los factores tiempo y espacio una respuesta a la importancia del cuento en la literatura latinoamericana. Para muchos críticos el cuento es el género literario más antiguo del mundo. El escritor y diplomático español Juan Valera señaló: “Habiendo sido todo el cuento el empezar las literaturas, y empezando el ingenio por componer cuentos, bien puede afirmarse que el cuento es el último género literario que vino a escribirse”. Esta analogía de sus palabras con el origen del cuento daría un punto al hecho temporal que separa los siglos de literatura evolutiva del continente europeo y el americano.

Sin embargo, no considero el paso de los siglos como el eslabón dominante que hace del cuento un género tan favorable y codiciado en América Latina. Aquí traigo a colación el surgimiento del Realismo Mágico y su éxito mundial que puso a muchos escritores latinoamericanos en el mapa literario global y a competir por premios y reconocimientos nunca antes soñados.

No es un secreto que imágenes como la de los buenos salvajes, culturas inferiores, países tercermundistas y otras visiones de inferioridad subsisten en un colectivo de sociedades occidentales. El éxito de García Márquez con “Cien años de soledad” y de muchos cuentos como “La gallina degollada”, “El almohadón de plumas”, “La noche boca arriba”, El aleph” y muchos otros, presentaron mundialmente una realidad latinoamericana muy distinta a la imaginada y pensada hasta el momento. Las letras en manos de nuestros escritores fueron capaces de plasmar una realidad mágica o una nueva forma y percepción de la realidad distinta a la europea y la oriental.

Ese “algo” nuevo que es tan difícil de explicar incluso para los autores latinoamericanos desarrolló más el cuento como género literario en el siglo XIX. Aquí es apreciable que si bien nos faltan esos siglos de evolución literaria, la producción y el cuento latinoamericano no ha sido estáticos en tan corto tiempo.

Para cerrar esta pequeña investigación, me alineo a las palabras del escritor argentino Mempo Giardinelli. En muchos países de América Latina las editoriales tenían muchas limitaciones. Esta industria, aunque no era nueva, si se enfrentó a un nuevo territorio lleno de restricciones; papelera, impresora, encuadernación etc. El espacio latinoamericano fue favorable al cuento, fueron muchas las revistas, periódicos y folletines que abrieron sus páginas a publicaciones cortas. La limitación de los medios jugó un papel importante en los escritores y el público en el hemisferio occidental.

Al igual y como señala Giardinelli considero que estos factores fortalecieron el género del cuento en América y entrando al campo del jugo el factor cultural y fraternal como moldes definitorios de nuestros escritores.