Tres otoños

La primera semana fue eterna,
sentí como si tres otoños
enhebraran mis penas
y la tristeza devanara mis venas.

Perdí la cuenta de cuánto leí tu mensaje,
malgasté mis horas volviendo a tus fotos.
¿Cuántas alegrías tuve para ti?
¿Cuánto pesar quedó con tu encanto?

Supe adivinarte con ese poder que ciega,
con ese calor que a contracorriente
me revolcó los sentidos
y alteró mis latitudes.

No siempre será así
y la calma llegará.
Pero sin mermar mis ganas de llorar,
mi rabia corre con más fuerza.

La primera semana fue eterna,
pero no fueron tres otoños.
Las heridas quedaron frescas,
hilvanando desidias sanaran.

Atelofobia

La primera vez que me enamoré quizá tenía dieciocho-
fueron sus manos,
como las alas de un ruiseñor,
usaba botas color café y una inmensa sonrisa,
hicieron de mi corazón su amuleto.

La primera vez fue en una habitación cercana a la mía-
mi mundo estaba de estreno en mil colores,
pero la guerra siempre llega,
muchos cuerpos compartidos se desmoronaron como Gomorra.
La añoranza causó anorexia, ansiedad, paranoia
y una tumba para mi inocencia se excavó.

Estaba encendido,
Me convertí en piedra.

La segunda vez ya era adulto-
me lancé sin pensarlo a sus brazos tiranos.
Su corazón era una tempestad,
y me gustó la forma en que me miró
cuando estaba en su cima.

La segunda vez fui más apasionado-
mi corazón cada vez más apretado en su tormenta,
vaciló entre el masoquismo y la perversión,
ahora era rabia, ira y resentimiento lo que enterraba.
Ojalá supiera entonces lo que sé ahora.

Mi corazón se agrietó,
mis huesos se oxidaron.

La tercera vez estaba cansado-
me envolví alrededor de él esperanzado,
otra vez la atelofobia se esparció.
Y dejé que la idea de amor secara
después de un tiempo.

Lo intenté,
Y estoy feliz de que no fuera suficiente.