Abonazar y cumplir 30

20160819021824F4kcGSeré breve. Tras meses y meses en un ciclo de depresión severa, y aunque todavía siento que no he resulto todos los pendientes del todo, considero que ya cerré varios capítulos de mi vida los cuales dejé en puntos suspensivos.

El primero de diciembre cumplí treinta años y rompí a reír. Es curioso como nos rompemos en el llanto y en la risa. En esta ocasión valió la pena hacerme añicos y mirarme en la cámara del celular y decir desde lo más profundo de mi ser; ¡voy a vivir feliz!

Han sido treinta años de mezclar cielos, de cruzar sentidos, de confundir molinos con gigantes, de equivocarme hasta la médula, de recurrente mala suerte, de obsesionarme con canciones, de querer que acaben los veranos, de acumular intentos, de escribir mi nombre sobre la arena, de muchos pseudónimos, de mucha duda y angustia, pero también de mucha sabiduría, de conocer personas maravillosas, de sonreír hasta sentir dolor y de mantenerme firme en mis convicciones. 

Al final la niebla pasó. Estoy dando pasos más firmes, aprendí a soltar y a despegarme y estoy aquí sin comprender muchas cosas, sin mucho que pueda hacer, pero otra vez con el espíritu ardiente y dejando ordenados los capítulos de la nostalgia, sin dar vuelta atrás a las páginas y con la mirada, perdida, pero hacia adelante siempre. Aquí voy de nuevo a la carga, espero no tener que lidiar con más hiatos y vivir las sonrisas que me debe el maldito destino. 

Abrazos a todos.

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Y me siento como quien sabe llorar a mi edad…

Diciembre para mí es más que el final del otoño y el inicio del invierno, es cuando queriendo tener sueño el ocaso besa apasionadamente a mi vida y me quita un poco de aliento. Al final soy tan distinto e imposible que ni lo que digo resulta comprensible. Hoy envejezco aún sin canas conservando mi cabello azabache y la humedad en mis sábanas.