Lõplik

1.2Las calles pudimos conquistar, pero ellas nos conquistaron a nosotros, se llevaron nuestros corazones con cada sorbo de odio. Caminamos, pero ya no vimos los mismos faroles, la niebla de tus mentiras hizo las calles oscuras y frías. Entramos, intentamos calentarnos uniendo los labios, las manos, los cuerpos…pero todo ya estaba perdido. Ya no eramos los mismos y la venda de mis ojos había caído.

Y me siento como quien sabe llorar a mi edad…

Diciembre para mí es más que el final del otoño y el inicio del invierno, es cuando queriendo tener sueño el ocaso besa apasionadamente a mi vida y me quita un poco de aliento. Al final soy tan distinto e imposible que ni lo que digo resulta comprensible. Hoy envejezco aún sin canas conservando mi cabello azabache y la humedad en mis sábanas.

 

Perícles y Merlina

◤…y adónde vaya, adónde vaya, sé que este miedo volverá mañana…◢

 

Azerole – Brumaire – 1989

 

La autopista del sur

La autopista del sur

Transcurría un día soleado y radiante, (un día horroroso para ellos), tenían que ir a la capital, no sabían bien el porqué, pero sí que su deber era ir hacia allá. Muchos pesares, muchas molestias, muchos pretextos, pero al final a las 10:10 a. m. partieron a su destino. Merlina al volante y Perícles en sus libros. Al pasar el peaje de la estación Norte El día comenzó a tornarse gris, luego negro, lluvias fuertes y tronadas hacían dibujos y siluetas en el cielo. Perícles y Merlina comenzaron a sentirse mejor.

No existe unidad o medida de tiempo para explicar el evento sucedido, quizás una cuestión de segundos. Ni siquiera las ventanas cerradas fueron impedimento para que los hermanos oyeran sirenas alarmantes y gritos de angustia. Entre unos cuantos parpadeos vieron patrullas y ambulancia. En instantes Merlina sin comprenderlo aceleraba y aceleraba hasta que ya no podía hundir más su pie derecho en el pedal.

La distancia trajo a la atmósfera nuevas resonancias y sonsonetes. Sin mirar atrás, olor a humo y hedor a muerte traspasaron los vidrios del vehículo. Sonidos de disparos y una gran explosión fue lo último que recordaron.


 …and after all God can keep my soul
England have my bones
But don’t ever give me up
I could never get back up when the future starts so slow.

 

12 de noviembre de 2668~

 

Toledo12Cerrado el portal y tumbados en ruinas de piedra, Perícles y Merlina se encontraron en lo que era un lugar viejo que ya conocían, pero que les resultaba extremadamente diferente y nuevo. De primeras los aires y el paisaje solo aludían a miseria y decadencia. Incorporados decidieron emprender camino y saber en dónde se encontraban.

Al salir del pequeño laberinto de piedra vieja, notaron demasiadas personas hablando infinidad de idiomas que no les resultaron familiares. Sintieron un sol más caliente que cualquier verano que recordarán y la ciudad más bien era los restos de lo que fuera en un pasado.

Sin prensa ni medio comunicativo que consultar, no les quedo más que caminar y caminar hasta dar con alguien que los entendiera. Luego de horas de cansancio y sed encontraron a un grupo de personas que compartían su idioma. Los llevaron a las ruinas de un puente viejo y le contaron que ese lugar en años previos se llamaba el Alcántara, aproximadamente transcurría el año 2668.

Una baza umbría cubrió las tierras algunos siglos atrás y dejó al irse una desproporción acentuada en los días, las noches, las estaciones y la noción del tiempo. Por alguna razón el interior del puente conservó estanques, del agua verdezca del Tajo, llenos de cuervos muertos, podredumbre y putrefacción

PicsArt_1404165786003Las personas que se lanzaban a los arroyos eran transportados a otra dimensión, otro espacio u otro tiempo, era una incógnita, pues ninguno de los osados que se lanzaron había regresado. Una mujer vieja llamada Eudora y que según algunos era una charlatana, había otorgado el título de sagrado al Puente Alcántara y antes de lanzarse a su suerte advirtió que hasta que Alcántara y San Martín no unieran sus restos la era umbría continuaría…

Perícles estudió un rato las aguas, los cadáveres y osamentas de los cuervos, vio como los gusanos habitaban y anidaban los restos de las alas y se regocijaban entre cataratas de carroña y agua estancada. Sin pensarlo ni meditarlo no dijo ninguna palabra a Merlina y se lanzó a una de las ciénagas…


 

…soy una moneda en la fuente con mi deseo pendiente.

12 de noviembre de 2013

 

Sauce-Llorón-Feng-Shui-1Llegó al municipio más conocido del sur, su amiga Lorraine se encontraba viviendo allí, ya hacía un tiempo, y recién estrenaba su piso, así que lo invitó. La casa no era la más grande, pero sí lo era su jardín, podría ser el triple (quizás el cuádruple) de la casa. Merecían honores las ventanas hechas en vitrales coloridos y que casi parecían vivos, pero lo que más distinguía y resaltaba era un enorme sauce llorón y un estanque, para nada cristalino, que en las noches reflejaba las estrellas y la cálida luna del invierno.

Daba la impresión de que junto a las aguas del Leteo había plumas y fragmentos de alas negras. La estadía se prolongó y se fue convirtiendo en una estancia, todas las tardes y hasta entrada las brisas gélidas de la noche, Lorraine lo contemplaba desde su ventana y allí bajo el regazo del árbol siempre estaba Perícles. El árbol se transformó en el lugar de sus reuniones y actividades.

Una tarde tomó la siesta y al despertar sintió el impulso de cavar entre las viejas raíces del gran árbol y aunque se lastimó, y la sangre manó de entre sus dedos, continuó hasta sentir un golpe fuerte y encontrar un libro. Fue como si la tierra conservara al libro, que desde su portada cautivó toda su atención y quedó perpetuada luego de leer el título; L’Empire de aux Antiques et Haute Magie.

Las próximas tardes transcurrieron entre lectura y lectura, hasta que una página se desprendió del libro y la brisa la llevó al estanque donde el agua negruzca parecía absorber las letras de la página y succionar la hoja hasta que la hundió. Allí fue Perícles a intentar rescatar la página, sin razonar ni reflexionar introdujo su mano y una poderosa fuerza magnética lo sucumbió de golpe en las azabaches aguas. Lorraine que lo contemplaba desde los vitrales sólo tuvo tiempo para lanzar un azorado suspiro, Perícles no sabía nadar…

El Dinosaurio – Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Fin


Augusto MonterrosoQuizás alguno no lo sepa, pero acaban de leer el cuento más corto del mundo. El dinosaurio de Augusto Monterroso es uno de los textos más estudiados, citados y parodiados en la historia de la literatura y la escritura.

El dinosaurio está incluido en muchas antologías publicadas en el mundo hispanohablante como Argentina, Chile, España, Italia y México. También ha sido traducido a varias lenguas latinas como el francés, el italiano, el portugués y el catalán. Este sencillo cuento, de sólo siete palabras, ha fungido como motor e inspiración para movimientos literarios y miles de estudios. Aunque parezca imposible ha causado furor incluso como motivo de reflexión política

La primera duda que a mí me surgió cuando leí esta joya literaria, fue la pregunta ¿quién despertó? Luego de horas y horas analizando acabé con una lista de aproximadamente treinta y cinco posibles sujetos, pero claro todos eran inventos de mi imaginación pues el cuento no indica nada al respecto. Lo que sí denoté fue la importancia significativa que tiene el uso de la coma en este cuento. Es la coma la que nos señala que hay un sujeto implícito en la historia, a parte del dinosaurio.

El dinosaurio

El dinosaurio

Los gramáticos nos dicen que es algo obvio, pues el sujeto está implícito en la oración y se refiere a una tercera persona singular, entiéndase él o ella. Sin embargo, el enigma no está resuelto, él o ella pueden ser cualquier persona, puede ser usted o aquel otro, o incluso el de más atrás. Los modernos estudiosos de la obra monterrosina sostienen que:

Cita1Efectivamente llevan razón los gramáticos al decir que el sujeto de este cuento es un sujeto expreso, adrede Monterroso lo colocó de esta forma pues al no designar a una persona en específico se sobre entiende que Monterroso se está dirigiendo a todos los que no son Augusto Monterroso, es decir, el escritor le está hablando a toda la humanidad».

Teniendo presente que la humanidad es una voz en tercera persona singular, y dándole crédito a los gramáticos y estudiosos, concluyo que el guatemalteco Augusto Monterroso se refiere o más bien hace alusión al despertar de la humanidad. Hay cierto grado de paralelismo con obras como la La Repúlica de Platón y el relato de La Caverna, pues nos encontramos con una sociedad premeditada a ver y entender algunas cosas, pero incapaz de pensar y despertar.

Cuando empecé este blog el dinosaurio todavía estaba allí...

Cuando empecé este blog el dinosaurio todavía estaba allí…

La segunda parte del cuento se opone a la primera, aquí tenemos un sujeto explicito; un dinosaurio. Los más osados, y sin ganas de razonar, indican que el significado de esta obra es que un día la humanidad despertará y se encontrará con la época prehistórica. Personalmente, considero que nuevamente hay que acudir a la metafísica. La figura del dinosaurio denota muchos posibles significados e interpretaciones, no siempre la interpretación más fácil es la más correcta.

Son grandes los debates que enfrentan a los estudiosos y analistas. Algunos dicen que es un cuento optimista que recalca que en un futuro la humanidad despertará. Otros señalan el carácter completamente pesimista pues al el dinosaurio continuar ahí hace referencia a que no importa que la sociedad despierte, seguirán estando en ella la barbaridad, la sinrazón y la bestialidad. Entonces, ¿no sería mejor continuar durmiendo ante este futuro terrible y oscuro que nos predice Monterroso con su cuento?

Finalmente, concluyo que el cuento tiene siete palabras y no creo que sea coincidencia el hecho de que el siete es el número cabalístico que representa la perfección. Aunque muchos discuten los procesos gramaticales para contar las palabras, no olvidemos entonces que si sumamos las letras que componen a El Dinosaurio, el resultado es 43. (4 + 3 = 7)

Navegando en la red me encontré con estos diez elementos para el análisis de El Dinosaurio. Aquí los adjunto y si alguno de vosotros se anima a dar vuestro análisis y conclusión, bienhallada sea.

1) La elección de un tiempo gramatical impecable y la naturaleza temporal de casi todo el texto.

2) La equilibrada estructura sintáctica, alternando tres adverbios y dos verbos.

3) El valor metafórico y alegórico, de una especie real pero extinguida: los dinosaurios.

4) La ambigüedad semántica: ¿quién despertó? ¿dónde es allí?

5) La pertenencia simultánea al género fantástico, al género de terror y al género policíaco.

6) La posibilidad de partir de este cuento para la elaboración de un cuento de extensión convencional.

7) La presencia de una cadencia casi poética, contiene un endecasílabo; una estructura gramatical maleable.

8) La posibilidad de ser leído indistintamente como cuento o como relato.

9) La condensación de varios elementos cinematográficos: elipsis, sueño, terror.

10) La riqueza de sus resonancias alegóricas: kafkianas, apocalípticas o políticas.

¡Oh divino creador!

warrior .5Me matas, me revives
¿Quién te dio el poder?
¿Quién te lo puede quitar?
Nadie sabe, nadie sabe…
Ese poder de manejar lo que siento,
¿cómo lo obtuviste?
Por eso digo que nada entiendo.
Todo se detiene en este momento.

¿Y qué veo? No parece haber nada.
Soy ciego, despreciable y abyecto.
Mi mente conduce este trayecto.
Miro hacia atrás y no hay nada…
Sigo ciego hasta que un destello golpea mi intelecto.
Eres tú, ¡puedo ver! maldición ¡eres tú!
Entra, ¡anda entra! quiero ver como entras,
como todo mi ser contigo se alimenta.

Presa el meu cos

Artbody

Te entrego lo único de lo que soy dueño. Quiero que hagas arte con él, que lo conviertas en la más apoteósica de tus obras. Nuestro tiempo se agota, comienzo a desprenderme y a caminar en nuevo, pero antes de todo deseo, y más que nada conozco mis deseos, quiero que mi cuerpo se contamine con el tuyo y estalle el más lujurioso de los gemidos. Anda Cerbero que Ortos ansía celado, encalla en lo más profundo hasta correr la ambrosía sobre tu obra.

L’hôpital

Estaba desesperado y salí de la habitación un rato. Ya me habían quitado el suero pero en mi muñeca continuaba ese placer punzante y bermejo. Entre pasillos y pasadizos terminé por alejarme más de la cuenta y divisé a dos mujeres sospechosas. Una era la madre de Ivelisse y la otra la de Francine. El miedo me hizo acercarme hasta una distancia que las podía escuchar, pero ellas no me veían. En pocos minutos descubrí sus macabros planes y salí sin ser notado. Comencé a intentar poner al tanto a todos de lo que ocurriría, pero de nada sirvió, nadie me creyó.

Decidí no quedarme a enfrentar lo que vendría, regresé al cuarto, tomé lo necesario y salí. Para mi sorpresa afuera todo era un cóctel en el que divise a las perversas harpías. Sin más, intenté ir a los elevadores, pero estaban bloqueados. Me encaminé a las escaleras y al abrir la puerta un hombre fornido y severo me impidió la salida sin pronunciar una palabra. En mi camino al cuarto vi una estación con objetos dirigidos a sala de operaciones, instintivamente me llevé conmigo algún bisturí e instrumentos cortantes. Hice como si me volteara y en fracción de segundo le clave el bisturí en la yugular al hombre y comencé a hacer giros y movimientos drásticos con ella penetrada en su piel, debió ser afanoso, en pocos segundos murió.

Descendí dos niveles y el panorama era el mismo. Sin embargo, al abrir una puerta me encontré a Ivelisse y a Gabriel aterrados, mientras una empleada los perseguía. Les indiqué que me siguieran y llegamos a la azotea. Ya estaba por culminar el ocaso. Desde la azotea miramos algunas ventanas de cristales y todo estaba patas arriba, un caos exuberante acompañado de horror y miedo. Sin más mi decisión fue ir al primer nivel e intentar encontrar ayuda. Dejando a los dos compañeros en la azotea, a medida que descendí escuché gritos, angustias, llantos y carcajadas. Al abrir la puerta del primer nivel allí estaba Elisa; la madre de Ivelisse, con una una patena cristalina, dos copas y una botella de vino.

Mi reacción debió ponerla en sobre aviso porque inmediatamente marchó hacia mí. Yo espeluznado comencé a subir las escaleras y ella me seguía. Intenté persuadirla, le reclamé sus planes e incluso le mencioné que salvé a su hija, pero nada apaciguó su ira. Yo estaba en una altura de varios escalones más altos, cuando intentó ir a por mí, le lancé una patada que la hizo perder el equilibrio y caer. Con la caída la bandeja y las copas se hicieron añicos. Uno de los cristales se clavó profundamente en su cuello y supe que no le quedaría mucho tiempo. Facilité su muerte y proseguí mi subida a la azotea.

Los escalones eran una penitencia, en menos de tres horas me había convertido en un asesino. A demás de la dicotomía que me carcomía; como enfrentar a Ivelisse, como presentarme ante ella que confío en mí, la salvé y ahora asesiné a su madre. La cabeza me latía a mil por segundo, una vez frente a la puerta y tras ver mis manos con célebres manchas de sangre, dudé si entrar o volver a bajo y enfrentar una muerte atroz. La meditación fue breve y en un arrebato de valentía entré.

No vi indicios de Gabriel, sencillamente se esfumó. De primeras tampoco supe de Ivelisse hasta que me asomé por el borde. No sé si fue desesperación o miedo, solo sé que allí estaba seis niveles más abajo con las piernas torcidas un objeto que atravesaba parte de su costado y un enorme charco de sangre. Pensé si esta muerte también me pertenecía y opté por agarrar un tubo metálico que me podía servir de arma y enfrentar lo que me deparaba el destino.

De vuelta al primer piso pasé por el lado de mis dos obras, dos cadáveres que tenía los ojos profundamente abiertos y aún conservaban esa mirada que entrelazaba odio y piedad. Fui incapaz de cerrarle los ojos, pero si le quité el bisturí ensangrentado al cuellos del hombre y una navaja que llevaba Elisa atada a la pierna. Debía armarme un poco no sabía a que me enfrentaría.

Al salir, para mi sorpresa todo era un ambiente festivo entre risas, tragos y empleados que entraban y salían pues era la hora del cambio de turno. Al salir del vestíbulo divisé un grupo de policías y asistentes que rodeaban el cuerpo inerte de Ivelisse. Caminé un poco más y llegué al jardín trasero donde estaban las piscinas de reposo y continuaba la fiesta. Allí vi a Gabriel semi desnudo, me recibió con un trago, un beso y ademan para quitarme la camisa…

El precio del pecado

Eósforo

Eósforo

Ya era tarde para lamentos. Los pecados fueron consumados. El éxtasis del momento y los impulsos irracionales lo hicieron actuar. Ahora descendía del Olimpo, sabiendo que no tendría una nueva acogida. Comenzó a entender lo efímero de las cosas, la importancia de pensar con la cabeza y no con la polla.

Poco podía hacer, sólo recordar sus pecados y sufrir la penitencia de ser un mortal. Ahora andará por la vida, su mayor agonía es que tuvo la elección de una vida amena y por un fugaz placer la perdió.

La última carta de Ícaro

»Hombre alado extraña la tierra«

Alguna torre de Creta

¡Loados seáis los dioses!
Bendecido Zeus,
grandiosos Anemoi,
brillante Palas
tempestuoso Poseidón.

Vosotros habéis dado a mi padre la luz, el aire, la sabiduría y la fluidez necesaria para crear este gran proyecto de escape. La injusticia del rey Minos no podía quedar impune ante la cólera de los dioses. El arduo trabajo de padre, a los dioses gratitud, luego de algún tiempo tuvo resultados. Mañana, juntos saldremos de esta torre y como el mochuelo de Atenea que desde el Olimpo deja el regazo de Palas y emprende el vuelo taciturno, el vigoroso Poseidón nos contemplará desde sus saladas posesiones. En un inicio dudé del trabajo de mi padre y de sus grandilocuentes ideas, más castigadme vosotros por dudar del conocimiento puro y directo de los dioses. ¡Oh ninfas de los aires! Esperadme mañana, vamos a por la libertad.

Ícaro en Creta

Ícaro en Creta

La ruta está trazada, volaremos sobre Samos, Delos, Paros, Lebintos y Calimna. Siento un no sé qué, que no sé explicar y me recorre todo el interior. De niño siempre soñé con volar y contemplar a los dioses por mis ojos y no por las historias. Quizás contemple al comisionado Hermes en alguno de sus encargos. Tal vez vea a la infalible Afrodita en medio de alguna faena. ¡Oh altísimos dioses! Y si soy dichoso la fulminante luz de Zeus colisionara mis ojos.

Debo descansar, me espera un afanoso día, aunque no sé si pueda dormir, estas pruriciones me carcomen. ¡Escuchad mis palabras opulentos dioses y dadme algunos gramos de vuestra fuerza!

Ícaro

 

*Nótese que en la plegaria Ícaro olvidó engrandecer al dios Helios y al dios Apolo.

La daga encantadora

Écluse – Thermidor – 1991

 

Campos de Asfódelos, Inframundo

 

Debo haber muerto, desperté creo que hace horas. Aquí, dónde quiera que esté, la noción del tiempo es diferente. Aunque no veo que existan los espejos, pero me basta sentirme para saber que soy otra cosa, otra forma, otra vicisitud. Aquí los espectros, por darle un nombre a esto que somos y que no logro descifrar, no conversan, no se comunican. Parece que cada uno tiene su propio dialecto el cual no saben cómo lo aprendieron ni cómo enseñarlo. Ninguno tiene recuerdos, memorias ni momentos.

Yo en cambio recuerdo unas aguas cristalinas y verdinegras, como un río que un día conocí. Debió ser el Leteo, me sumergieron para olvidar y creo que en lugar de ello al llegar al fondo y tocar el barro me encontré. Necesito simular que no sé nada, que olvidé todo, que no sé hablar ni expresarme, tengo que ser un espectro más, necesito que me crean parte de ellos.

Y es que me aterra una nueva zambullida, que intenten borrarme lo único que tengo en esta nueva “vida” si es que a esto lo puedo llamar vida. Quizás debo borrarlo todo, pero no sé porque me aferro, como hiedra al muro, a esas imágenes esporádicas que intento dibujar con palabras.  Todo esto empieza a darme sed, aquí no hay caminos que me lleven al mar.

Daga encantadoraMe observan, debo volver a mi vida de espectro, a disfrazarme. Pero cada instante que se haga largo alimentaré a ese día gris maravilloso. Lo recuerdo perfectamente, un monte frío, tus manos sobre mí, no hablaba sólo gemía y tú sonreías mientras me permitías ver la luna en tus ojos, era un éxtasis largo y cálido como el verano, pero sé que era invierno.

Lo recuerdo cabalmente, desde tus bajadas lentas hasta tu postura y tu susurro silencioso cuando me incrustaste la daga fría y filosa que llevabas entre el taparrabos. Luego sonreíste y dejaste caer una lágrima. No sé si de tristeza.