Al Conde de Torralba

 

27 – mayo – 2015

 

Caro Conde:

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Era imposible que pasaras sin ser notado, tu altura, tus cabellos rubios como la cerveza y esos ojos celestes no pueden pasar desapercibidos. No recuerdo un día en el que fueras mal vestido, aunque mi mente te prefería desvestido. La obsesión creció cuando visitaba la biblioteca y allí estabas día tras día devorando un libro diferente. A quién pretendo engañar, me enamoré.

El tiempo nos acercó y resultó que bajo la fachada de hombre solitario y serio se hallaba un alma divertida, elocuente y encantadora. Mis desgracias nos unieron y gracias a ellas conocí esa parte de ti que a los demás escondes, tus malos hábitos, tus gustos canallas y ese tatuaje que quizás ni tu madre conoce.

Cada centímetro de ti me encantó. Te había glorificado, al final comprendí tu parte humana y más me atrapé en ti. Entendí que la soledad y la frustración crearon la coraza que te encierra. Mi misión ahora es que sonrías, pero no sólo conmigo, que sonrías con el mundo y para el mundo, a fin que yo nunca te gustaré como tú me gustas a mí.

 

Lo siento,

 

A

 


Fin de la Trilogía