Llegué a Madrid…

…y la verdad es que no sé ni cómo me siento, es una mezcla de emociones encontradas y opuestas. Antes de tomar el avión tuve un pequeño estado de crisis en el que pensé mandar todo a la verga y salir corriendo, claro esa era la ruta fácil y no se me conoce por cobarde.

Ahora estoy aquí hecho un manojo de dudas y un cúmulo de pensamientos casi suicidas. En estos suburbios, donde no sabía y me he metido, no sé que tan pronto me adapte. Pensé que mi primer día aquí estaría dando vueltas por el metro y buscando lugares para conocer. Sin embargo, aquí estoy en un colchón medio roto, medio incómodo, enfrentando una tos inagotable resultado del cambio de clima.

Quiero disfrutar el otoño, veremos si se me quitan las pendejadas y vuelvo a caer en tiempo.

Me voy a Madrid

Tras muchos años por el Caribe, pronto abandono el trópico y regreso a Europa. Hoy es que vengo a caer en cuenta de los pocos días que me quedan por aquí. Me hacía mucha ilusión regresar a las costas de Tarragona, a mi amada Reus, a Girona a tomar chupitos en Cadaqués, hasta acabar en la orilla del Mediterráneo triste, a correr bici por las calles de Barna mientras hacía historias y conversaciones de todas las personas que veía, o simplemente ir a Badalona a ligarme a ese camarero que le conté la historia de santa Elurària, pero por cuestiones de estudios y azares del futuro mi nuevo hogar será Madrid.

Miento si digo que no tengo miedo, por ratos me pongo a sobre pensar las cosas, veo donde estoy y lo difícil que es crecer. Me quejo mucho lo sé, soy complicado también lo sé. Sin embargo, a qué me enfrentaré ahora no lo sé. Voy tras una meta que me propuse en el 2010 y con fervor y dedicación espero alcanzarla. La vida me puso personas maravillosas en el camino, no me puedo quejar de eso, soy agradecido y si hoy estoy aquí y voy hacia allá es gracias a esos seres no encuentro como llamarlos.

Ahora bien, ¿encajaré en Madrid?

Qué la fuerza me acompañe.