Ciclos “románticos”

La primera vez que me enamoré quizás tenía dieciocho-
Fueron sus manos,
Como las alas de un ruiseñor,
Usaba botas color café y una inmensa sonrisa,
Hicieron de mi corazón su amuleto.

La primera vez fue en una habitación cerca de la mía-
Mi mundo estaba de estreno en mil colores,
Pero la guerra siempre llega,
Muchos cuerpos compartidos se desmoronaron como Gomorra,
La añoranza causó anorexia, ansiedad, paranoia
Y una tumba para mi inocencia se excavó.

Estaba encendido,
Me convertí en piedra.

La segunda vez ya era adulto-
Me lancé sin pensarlo a sus brazos tiranos.
Su corazón era una tempestad,
Y me gustó la forma en que me miró
Cuando estaba en su cima.

La segunda vez fui más apasionado-
Mi corazón cada vez más apretado en su tormenta,
Vaciló entre el masoquismo y la perversión,
Ahora era rabia, ira y resentimiento lo que enterraba.
Ojalá supiera entonces lo que sé ahora.

Mi corazón se agrietó
Mis huesos se oxidaron.

La tercera vez estaba cansado-
Me envolví alrededor de él esperanzado,
Otra vez la atelofobia se esparció.
Y dejé que la idea de amor secara
Después de un tiempo.

Lo intenté,
Y estoy feliz de que no fuera suficiente.

Ja Ingel Paat

25 – mayo – 2015

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Amado mío:

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Debió ser el verde ficción de tus ojos que me hipnotizó. No sé explicarlo, todo fue tan confuso. Varias miradas y una sonrisa que me desarmó en un segundo, son los recuerdos más placenteros que cargo. Mis días fueron terribles en estas tierras de lobos y dioses, en todos ellos tú estuviste presente tendiendo una mano y unos hombros que me obsequiaron los más cálidos abrazos.

PaatCuando la nostalgia me recorrió, tu familia me abrazó, cuando todo parecía estar perdido, tu sonrisa nunca faltó y tu ayuda me socorrió. Cuando me quedé sin norte y sin refugio no dudaste en abrir tu puerta y darme refugio. Tu belleza, entrega y bondad me hicieron fantasear perversidades que me recorrían e incendiaban y que hoy mejor no contaré.

Me cubro de vergüenza, pero al final lo entendí. Eres ese equivalente a un ángel guardián o a una estrella guía. Sólo me resta reprimir esta lujuria que me acompaña cada vez que te miro y en abrazos y afecciones consanguíneas expresarte toda mi gratitud.

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La vida, como en muchas otras veces, es injusta. Mi querido señor Barco.

A

A un coleccionista de Historias de Amor

16 – mayo – 2015

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Hirsuto PN:

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Habías pedido que entregáramos una historia de amor. ¡Oh coleccionista de historias! ¿Cómo iba yo a entregarte mi historia si tú eres el protagonista? La historia comenzó cuando te vi, así tan pijo y encantador. El cielo tan azul y las ya frías brisas del otoño hacían juego y reflejo en los lentes de tus espejuelos, y el vello de tu pecho que se asomaba por el cuello de aquella camisa de cuadros y botones me tenían embriagado.

PablixNi te hablé, ni me hablaste. Creí que sólo sería una efímera fantasía más, pero llegó ese día, esa mañana en la que me invitaste un café y yo solamente pude asentir con la cabeza y quedarme sin habla mientras observaba la armonía al verte liar el cigarrillo y sentí la vida que salía con cada nube de humo de tu boca.

Sé que nunca contaré esto, pero aquí está la historia que pediste,

A

Rosier

A diferencia de Eros, Rosier no iba armado con flechas benevolentes. Su arma era la lanza, una lanza como la del escudo de su reino en el sur. Los heridos por Rosier sentían el sufrimiento del amor con cada corazonada, una agonía latente que sólo daba ganas de no querer existir más.

Rosier

Rosier

Rosier era el portador de la cura y la enfermedad, junto a su lanza cargaba una vasija con aguas del Leteo, una gota bastaba para curar la herida que él mismo causaba. No sé porque luego de herirme, me dio a beber de su simiente y aún menos entiendo porque lo recuerdo todo.

La Metamorfosis II parte

***Advertencia de contenido sexual explícito***

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…por el mundo estará y lo voy a encontrar.
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Éfeso, invierno

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Los días se tornaron grises para Calino. El verano fue largo y cálido. Llevaba su vida como un sinsentido. Sabía que debía continuar, no arrojarse a la melancolía, ni abrazarse a la añoranza y mucho menos sumergirse en un mundo irracional de preguntas sin respuestas.

Para qué mentir, lo cierto era que no había día que no pensara en Sileno, que no fuera a los estanques en busca de los cisnes y que no se tumbara al suelo a contemplar la naturaleza. Sileno no le mintió, en efecto, la más gélida brisa y las lívidas nubes, todo le daba una sensación de compañía y sosiego, como si estuviera él entre sus brazos.

Recostado de un árbol el ensueño abrigó a Calino, fueron segundos, quizás horas, en las que estuvo atrapado en sueños de ambrosía y lujuria. Llegó el momento en que percibió otra presencia, sabía que no estaba solo. La brisa, para su sorpresa, le trajo ese aroma peculiar que sólo hallaba en Sileno.

Calino y Sileno 1Calino no quiso abrir los ojos, temía que fuera un sueño, uno más de los muchos que había tenido, y que al abrirlos todo se disipara. Pero la presencia se acercó, lo suficiente como para que Calino sintiera su respiración merodear su cuerpo desnudo. Sin más ademán Calino sintió que se agachó y le tomó una mano, mientras él colocaba la otra en su cabeza y acariciaba sus cabellos. No había dudas era Sileno.

Ya sin miedo, Calino abrió los ojos y corroboró que sí se trataba de su amado, de su Sileno. Sin embargo, notó que no lucía tal cual como se había despedido hacía un tiempo atrás. Una metamorfosis, sería la explicación que se haría Calino. Mas Sileno se levantó y le explicó que eso que estaba viendo era su realidad, eso mitad hombre y mitad bestia era él, así nació y así creció, como un Fauno al que otros llamaban Sátiro.

Calino y Sileno 2Al ver a Calino por primera vez y prendarse de amor acudió a su querido Tritón en voz de ayuda quien le permitió una metamorfosis humana, pero efímera. Calino saltó a sus brazos y en el más cálido y fuerte abrazo le susurró al oído que lo amaba, que siempre sería su Sileno, fuera hombre, sátiro o bestia.

La Naturaleza, el paisaje y esa tarde en Éfeso fueron testigos de los más apasionados y sinceros besos. Era como si tanto Sileno como Calino dejaran la vida en cada beso, como si no hubiera pasado el tiempo entre ellos, o como si tuvieran que recompensar el tiempo perdido.

Las ya notadas erecciones de ambos daban un toque erótico, viril y lujurioso. Sin más esperas y mientras sus lenguas estaban entrelazadas Sileno comenzó a masajear y acariciar el miembro cada vez más erecto y húmedo de Calino.

Calino y Sileno 3Excitado y extasiado Calino se arrodilló ante Sileno y comenzó a repetir los movimientos que hacía un rato Sileno le hizo a él, sólo que Calino le dio un toque más fuerte, algo en su interior le decía que Sileno quería más, que la parte animal de Sileno no se saciaría con facilidad.

Calino y Sileno 4Calino frotó y frotó con tal firmeza que la humedad en el rabo de Sileno cada vez era más abundante, miró fijo a los ojos a su amado y procedió a emplear su boca. Humedeció tanto la entrepierna de Sileno que en segundos le llegó el sabor de ese manjar más dulce que el alimento de los dioses.

Con la lujuria a tope y resaltada a cada segundo, en viceversa, por ratos se turnaban y sólo se miraban, sonreían y continuaban. Sileno fue pasando con su lengua por todos los rincones del cuerpo de Calino.

En un inicio la cara de Calino reflejó miedo, pero Sileno fue acariciando y haciendo movimientos gloriosos con su lengua. Calino, solo gemía y pedía que continuara y no parara. El talento de Sileno fue tan grande que Calino sin más le pidió ser suyo completamente. Y fue Afrodita testigo de una de las entregas más emotivas y placenteras.

Calino y Sileno 5Finalmente y tras tan ardua jornada, extenuados se tumbaron en el suelo y se entregaron a los brazos de Morfeo. Juntos, abrazados y albergando una nueva esperanza de su gran amor, disfrutaron el calor de dormir acompañados. Calino tenía muchas fuerzas que recuperar y Sileno soñaba con la hora de entregarse él completamente a Calino.

Calino y Sileno 6Primera parte del relato aquí: La Metamorfosis

Un romántico de verdad

Mariano José de Larra

Mariano José de Larra

Mariano José de Larra nació un 24 de marzo en Madrid. Fue escritor, periodista y uno de los máximos representantes del Romanticismo español. Desde temprana edad Larra vivió los cambios políticos españoles y el exilio. Diferentes eventos en su crecimiento y finalmente un desenlace particular, son evidencias irrefutables del pensamiento y la médula romántica del autor.

Las relaciones sentimentales de Larra señalan claramente el postulado romántico; la vida es amar, amar es sufrir y sufrir es estar vivo. Durante su preparación académica no asistió durante un año entero a los exámenes. Se contó pues que la razón era el amor que sentía hacia una mujer mayor que resultó ser la amante de su padre.

En los comienzos fue presionado por su padre para que estudiara medicina, sabiendo que esta no era su vocación dejó las ciencias y comenzó estudios de leyes. Sin embargo, al igual y como pasó con la medicina, abandonó los estudios al año siguiente. Desencantado con el mito universitario, decidió no estudiar más y dedicarse a su vocación; ser periodista. Larra utilizó diversos pseudónimos a lo largo de su carrera periodística. El autor consideraba a la sociedad española como una atrasada y muchos de sus artículos eran sátiras y críticas sociales, razón por la que ganó muchos enemigos.

Depresiones constantes, el cierre de su periódico y un infeliz matrimonio con Josefa Wetoret son los pilares románticos latentes en Larra. Distanciado de Josefa, se enamoró, como sólo los poetas saben, de Dolores Armijo; una mujer casada. El amor se tornó en Larra como un laberinto de imposible escapatoria ya que los dos estaban casados.

Cansado de las adversidades y su incomodidad con la sociedad española, Mariano de Larra comenzó a viajar por Europa, una de sus grandes pasiones. Visitó Francia, Portugal, Gran Bretaña y Bélgica, en estos viajes conoció a grandiosos escritores como Alejandro Dumas y Víctor Hugo. Aun así, los viajes no llenaron el vacío en la vida de Larra. El imposible amor por Dolores creció cada día más. Su disgusto con la política española seguía en ascenso y cada vez escribía obras más tristes que mostraban una severa depresión.

Larra puso fin a todo suicidándose, acto heroico para los románticos. Aunque se especuló mucho sobre su suicidio, la mayoría de las historias concuerdan en que se disparó en el corazón como señal del desamor y frente a un espejo para contemplar su propia muerte. Mariano José de Larra contaba con 27 años cuando se suicidó. En el entierro el también romántico José Zorrilla recitó una elegía y posteriormente los restos de Larra pasaron al Panteón de Hombres Ilustres de España.

Esto es amor quien lo probó lo sabe…

Aprovecho este día 14 de febrero para compartir mi poema favorito.

“Esto es amor, quien lo probó, lo sabe”
(Lope de Vega)

La mente se resiste a olvidar las cosas hermosas,
se aferra a ellas y olvida todo lo doloroso,
mágicamente anonadada por la belleza.

No recuerdo discursos contra mis débiles brazos,
guardando la exacta dimensión de tu cintura;
recuerdo la suave, exacta, lúcida transparencia de tus manos,
tus palabras en un papel que encuentro por allí,
la sensación de dulzura en las mañanas.

Lo prosaico se vuelve bello
cuando el amor lo toca con sus alas de Fénix,
ceniza de mi cigarro que es el humo
después de hacer el amor,
o el humo compartido,
quitado suavemente de la boca sin decir nada,
íntimamente conociendo que lo del uno es del otro
cuando dos se pertenecen.

No te entiendo y quisiera odiarte
y quisiera no sentir como ahora
el calor de las lágrimas en mis ojos
por tanto rato ganado al vacío,
al hastío de los días intrascendentes,
vueltos inmortales en el eco de tu risa
y te amo monstruo apocalíptico de la biblia de mis días
y te lloro con ganas de odiar
todo lo que alguna vez me hizo sentir
flor rara en un paraíso recobrado
donde toda felicidad era posible
y me dueles en el cuerpo sensible y seco de caricias,
abandonado ya meses al sonido de besos
y palabras susurradas o risas a la hora del baño.

Te añoro con furia de cacto en el desierto
y sé que no vendrás
que nunca vendrás
y que si venís seré débil como no debería
y me resisto a crecerme en roca,
en Tarpeya,
en espartana mujer arrojando su amor lisiado para que no viva
y te escondo y te cuido en la oscuridad
y entre las letras negras de mis escritos
volcados como río de lava entre débiles rayas azules de cuaderno
que me recuerdan que la línea es recta
pero que el mundo es curvo
como la pendiente de mis caderas.

Te amo y te lo grito estés donde estés,
sordo como estás
a la única palabra que puede sacarte del infierno
que estás labrando como ciego destructor
de tu íntima y reprimida ternura que yo conozco
y de cuyo conocimiento
ya nunca podrás escapar.

Y sé que mi sed sólo se sacia con tu agua
y que nadie podrá darme de beber
ni amor, ni sexo, ni rama florida
sin que yo le odie por querer parecérsete
y no quiero saber nada de otras voces
aunque me duela querer ternura
y conversación larga y entendida entre dos
porque sólo vos tenés el cifrado secreto
de la clave de mis palabras
y sólo vos pareces tener
el sol, la luna, el universo de mis alegrías
y por eso quisiera odiarte como no lo logro,
como sé que no lo haré
porque me hechizaste con tu mochila de hierbas
y nostalgias y chispa encendida
y largos silencios
y me tenés presa de tus manos mercuriales
y yo me desato en Venus con tormentas de hojarasca
y ramas largas y mojadas como el agua de las cañadas
y el ozono de la tierra que siente venir la lluvia
y sabe que ya no hay nubes,
ni evaporización, ni ríos,
que el mundo se secó
y que no volverá jamás a llover,
ni habrá ya nieve o frío o paraíso
donde pájaro alguno pueda romper
el silencio del llanto.

Gioconda Belli