El expresionismo de Berger en “El Cazador”

Hoy retomo una de las actividades que más disfrutaba por aquí; reseñar películas. Ya en el pasado les había presentado e introducido al guionista y productor Marco Berger, hablando un poco de su película Hawaii. Berger ya es un cineasta de trayectoria en la industria y destaca en el llamado cine queer o cine de temática gay, no sólo en su natal argentina, sino a nivel internacional.

El pasado 28 de mayo estrenó su último largometraje titulado El Cazador. Resumiendo algunas sinopsis en la web, este filme nos presenta la historia de Ezequiel, un joven de quince años que enfrenta su despertar sexual dentro de una atmósfera cargada de algunos elementos oscuros y nos coloca ante un tema tabú; las redes de pornografía y explotación infantil y adolescente.

En esta entrega Berger nos ofrece un thriller, alejándose un poco de sus últimas películas, pero retomando algo de la energía de Ausente una de sus primeras creaciones. Berger, a mi criterio, es un cineasta versátil que puede navegar entre diferentes géneros cinematográficos jugando con ellos, incluso mezclando elementos y no resbala en los clichés contemporáneos o del mainstream.

Quiero recalcar que hay una gama amplia de aspectos que nos hacen a muchos hablar de características propias del cine de Berger. Me refiero a un lenguaje propio de él como cineasta y que es plasmado en todas sus películas de manera que al ver un trabajo suyo lo podemos reconocer. Quizás algún académico se moleste, pero entiendo que es correcto incluso adjetivar estas fisonomías en el termino bergeriano.

El cine de Marco Berger es uno que puede variar de género, pero conserva una esencia muy propia en la que priman la exaltación del cuerpo masculino, el deseo entre hombres, las escenas homoeróticas y sobre todo diálogos cortos o escenas silentes donde lo sublime del lenguaje corporal y las entrelíneas, problematizan no sólo el deseo de los personajes, sino también el de todos los espectadores.

La influencia y preponderancia que ejerce Berger en el cine de temática gay es destacable en todo el ámbito latinoamericano. Marco Berger nos adentra a situaciones cotidianas en las que sus personajes enfrentan su homosexualidad de una forma real y que se aleja, por mucho, de los estereotipos del cine donde el personaje del maricón cae en los cánones socialmente aceptados o es una mera prolongación para escenas de risa o comedia.

Entrando a El Cazador se sigue apreciando lo sublime de Berger, pero hay unos matices diferentes en su expresionismo. Ezequiel, el protagonista de esta entrega, carga un poco de todos los adultos que vemos el film. Su despertar sexual es el típico de cualquier joven que siente atracción hacia otros hombres, pero que no puede verbalizarlo o hablarlo directamente con sus padres.

A la par con el desarrollo de la trama, algo oculto se va presentando y hace juego con la música, la transición de escenas y las locaciones introduciendo un terror incruento que nos atrapa y arropa, haciéndonos incluso igual de ilusos que Ezequiel.

Esta iniciación de Ezequiel en el mundo gay muestra los escenarios y estrategias de seducción que son y fueron utilizadas por muchos de nosotros y será lo que nos guíe al tema oculto de la película; una red de pornografía adolescente y sus diferentes tretas para lograr su objetivo y controlar a los menores.

Este tema podría ser complicado para algunos y caer dentro del concepto tabú. Sin embargo, El Cazador nos hace reflexionar sobre la construcción del deseo en un adolescente gay y como se derrumba al enfrentarse a los códigos y leyes del mundo. Me explico mejor, la impotencia que siente Ezequiel con sus padres a la hora de hablar sobre su sexualidad es el terreno fértil que labra el conflicto principal del film.

La película presenta padres distantes y ajenos que son víctimas de su propia cultura. Cuestionándonos si son ellos los culpables de que estas redes de explotación existan o si la verdadera culpa recae en los valores de una sociedad que enseña a los jóvenes homosexuales a tener que ocultar lo que son y lo que sienten.

Marco Berger no deja de sorprenderme. La manera en que reconoce a los personajes gays más allá de los estereotipos establecidos, incluso por la propia cultura homosexual, es digna de admiración y respeto. En el caso de El Cazador es de esa forma en la que se presenta una crítica sin volverse parte del problema. Acentuando la grandeza de Berger.

No me quiero despedir de esta entrada sin señalar algo que noté y que quizás sean meras conjeturas mías, pero que me han mantenido la mente maquinando. Los principales antagonistas de la película vendrían siendo “El Mono” y “El Chino” es curioso que Berger no le de un nombre propio a estos personajes y los conocemos por medio de alias, pudiendo incluso ser una percepción de lo intangible del delito.

De otra parte hay elementos dentro de El Cazador que nos hacen recordar otras películas de Berger. Javier de Pietro aparece brevemente y nos evoca recuerdos de Ausente. Algunas escenas de los jóvenes en el colegio nos revive un poco de Taekwondo. A mí incluso el título de esta película El Cazador me hizo recordar la escena (que coloco abajo de este párrafo) en Taekwondo, donde Germán está leyendo El guardian entre el centeno, que en algunas traducciones hispanoamericanas el título es El cazador oculto.

Para finalizar este recorrido por El Cazador y el cine de Berger, muchas entrevistas y críticas insisten en señalar que Berger con esta película camina dentro de un terreno cenegoso, personalmente no lo veo así. Que quizá la temática es un poco tabú sí, pero el manejo de primera que le dio Berger claramente lo posiciona en un camino de piedra sólida.

Como ya mencioné, la esencia de Berger está presente en toda la película. Aunque creo meritorio señalar que pinceladas de una nueva estética son apreciable en este film. En otras entregas el ideal de belleza masculina que impone el canon, y sobre todo la cultura gay, no estaba tan presente. El Cazador si nos trae un poco de esa cosmética esnob. Es cierto que uno de los personajes tiene una estética diferente que puede rayar en lo andrógino, pero lo que suele primar son los cuerpos esbeltos, un poco tonificados y de ese corte superficial que menciono.

El final de la película te coloca en una situación de reflexión. Es cierto que el debate que enfrenta Ezequiel se puede dar entre hacer lo correcto y cuidarse de sí mismo. Sin embargo, a mí me dejó un sabor diferente en los labios. Mirando fijamente a Ezequiel y analizando un poco su comportamiento, yo no descartaría que hubiera encontrado un cierto gusto o placer por la perversión y por eso tomó la decisión final.

Ahora sí, cierro el hilo sobre El Cazador. Lo único que señalo como negativo es que la película en cierto modo envuelve una oda a los productos apple (el iPhone, la MacBookPro, etc.) y eso lo veo como algo muy del cine estadounidense. Eso sería lo único que a mí no me convenció, pero es algo muy personal y en nada afecta el alto calibre del film. Los invito a todos a ver El Cazador y todas las películas que puedan ver de Marco Berger.

Califico esta película con un 8/10.