Nueva Ámsterdam

“He adored New York City. He idolized it all out of proportion…no, make that: he – he romanticized it all out of proportion. Yeah. To him, no matter what the season was, this was still a town that existed in black and white and pulsated to the great tunes of George Gershwin.”

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Flatiron / Iconic

Desde hace nueve años consecutivos no puedo estar mucho tiempo lejos de esta ciudad. En un principio fue llamada Nueva Ámsterdam y honrando el nombre de los lenapes Mannahatta, la tierra de muchas colinas que hoy sólo tiene edificios, es una de mis islas favoritas.

Manhattan, Nueva York,  irónicamente, se ha convertido en mi escape de la realidad y la terapia para mi ansiedad. En Estos últimos años es imposible pasar un enero lejos del caos de la ciudad que, al igual que yo, nunca duerme.

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Vagabundo

Déjà vu es la paramnesia y el sinónimo que mi vida le da a estas calles cuadriculadas, taxis amarillos y monumentales rascacielos. Y es que yo, queriéndolo o no, me he convertido en un ser tan duro y romántico como esta ciudad.

Muchos dicen que son autómatas los que viven en este ecosistema. Otros especulan sobre experimentos sociales, dado que es en Nueva York donde esquizofrénicos, criminales, artistas, plebeyos y demonios se mezclan sin problemas.

Y a toda esta palabrería, le sumo que es posible que sea de ese escaso por ciento de personas que visitan Manhattan no por megalomanía sino por dromomanía.

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Si hablo de paraísos, he aquí un pedazo de cielo…

Más allá del frío, la caótica vida en los trenes y que al Guggenheim siempre le da con hacer reparaciones para estás fechas, la paz que encuentro al vagar por las calles mientras las brisas gélidas me sacan las lágrimas, la excitación al visitar el ala de la antigua Grecia en el Metropolitan, la pasión que me invade al acercarme al MoMA y el sosiego que encuentro en el Rubin, bien merecen una visita, aunque sea anual, para encender mi alma que ya hace años está entumecida.

Traté de poner los pentagramas necesarios para frenar mi tendencia autodestructiva y continuar a mi ritmo. Me llevé mis cuadernos de apuntes, mis libros de poesía favoritos, muchos marcadores y el ordenador para agilizar mis proyectos, pero entre trenes perdidos, largas caminatas con Michael Kiwanuka en el iPod y muchas visitas a los museos, volví al mismo punto de partida.

Así que las Letras del Cielo y del Infierno continuarán en pausa. Me toca volver a la realidad tediosa que me aleja de mis pasiones y me desgasta lentamente. Pero antes de retornar al círculo vicioso por aquí dejo algunas de las fotos que más me han gustado en esta ocasión. La que más me ha impactado la reservó para la próxima entrada.

Diana la llamaron en Roma, los latinos Artemisa, pero para mí es Ártemis.

Zeus y Ganimedes

Un detalle que merece la pena acentuar.

Andrómeda, princesa de Abisinia.

No todos notan el juego de miradas que hace el museo entre Afrodita y Paris.

Semper fortis

“Who in the world am I? Ah, that’s the great puzzle.”

“C’est le temps que tu as perdu pour ta rose qui fait ta rose si importante”

“No vivas en el pasado, no imagines el futuro, concentra la mente en el momento presente.”

Manhattan desde Brooklyn.

Nada es lo más cerca que hay de comprender…

La reina Amidala de Nigeria.

Incluso los “matches” en las redes tienen más glamour en NYC.

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