Atelofobia

La primera vez que me enamoré quizá tenía dieciocho-
fueron sus manos,
como las alas de un ruiseñor,
usaba botas color café y una inmensa sonrisa,
hicieron de mi corazón su amuleto.

La primera vez fue en una habitación cercana a la mía-
mi mundo estaba de estreno en mil colores,
pero la guerra siempre llega,
muchos cuerpos compartidos se desmoronaron como Gomorra.
La añoranza causó anorexia, ansiedad, paranoia
y una tumba para mi inocencia se excavó.

Estaba encendido,
Me convertí en piedra.

La segunda vez ya era adulto-
me lancé sin pensarlo a sus brazos tiranos.
Su corazón era una tempestad,
y me gustó la forma en que me miró
cuando estaba en su cima.

La segunda vez fui más apasionado-
mi corazón cada vez más apretado en su tormenta,
vaciló entre el masoquismo y la perversión,
ahora era rabia, ira y resentimiento lo que enterraba.
Ojalá supiera entonces lo que sé ahora.

Mi corazón se agrietó,
mis huesos se oxidaron.

La tercera vez estaba cansado-
me envolví alrededor de él esperanzado,
otra vez la atelofobia se esparció.
Y dejé que la idea de amor secara
después de un tiempo.

Lo intenté,
Y estoy feliz de que no fuera suficiente.

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