Cómo me duele

Son muchos los que hoy se identifican con una causa y nos acompañan desde la distancia y las redes en el sufrimiento y el llanto. Gracias, de verdad que gracias por ello. Aun así, son pocos los que saben lo que es vivir con miedo. Un terror que alcanza infinidades de magnitudes, que te acompañó en el colegio, te acompaña en el trabajo y te acompañará en cada lugar y en cada momento de tu vida sin importar la edad o la latitud en la que te encuentres.

Cómo me duele mirar al pasado y recordar las burlas y humillaciones que recibí no sólo de compañeros de la escuela, también de familiares, feligreses e incluso de amigos. Es un dolor crudo e incruento que vas sepultando dentro de ti, que intentas maquillar con sonrisas y gestos vacuos, pero que te desgasta y carcome por dentro.

Cómo me duele ver las redes sociales, leer los diarios y escuchar personas que alimentan doctrinas y pensamientos, por una fe vana y uno valores cuestionables. Esa hipocresía selectiva y colectiva es la que me enerva y más me enferma.

Pocas personas pueden alcanzar a imaginar la agonía y la angustia que envuelve mi dolor. Ese “maricón” que te gritaron en primaria, esa condena perpetua por parte de tus padres y familiares, dado que su “Dios” de amor, condena y castiga a los impuros e infieles, esas carcajadas que escuchas detrás de cada chiste o broma que involucra “gais” y es acompañada de un tono afeminado y burlesco, esa justificación social que hay a todo lo malo que nos sucede, porque simplemente “nos lo merecemos”…

Son tantas y tantas cosas las que me atormentan y en ocasiones como esta detonan. No importa el lugar adónde vaya, la sociedad me ha enseñado que debo agachar la cabeza o suprimir lo que siento y lo que soy, sólo por encajar en su estuche de valores de bolsillo y no ser una víctima de situaciones como la que hoy pasó en Orlando.

Soy un ciudadano más, que pagas sus cuentas, estudió, trabaja, rinde contribuciones y cada día que pasa se decepciona más del “sueño americano”. En conclusión, y como me ampara la constitución, soy uno más igual que el presidente, igual que una mujer de clase media o igual que una persona que con tanto celo grita y predica su heterosexualidad.

La persona con la que decida compartir  mi cama y mi vida no me hace ni mejor, ni peor persona que el resto. Es irónico como una persona en los Estados Unidos, y muchos otros países, puede pasearse con un arma de fuego y sentirse orgulloso y yo debo pensarlo dos veces antes de tomarle la mano a mi pareja.

Cómo me duele este mundo intolerante y radical en el que estoy viviendo. Cómo me duele la incomprensión y la intolerancia. Pero también me duelen los “buscones”, los políticos de pacotilla y los “reyes” de las redes sociales que se aprovechan de mi dolor y de mis miedos para subir más alto en el escalafón social.

La mente me da vueltas y al final todo se resume en miedo. Miedo a salir por unas copas, miedo a ser quien soy, miedo a demostrar afecto a mis amigos, miedo a que en el trabajo se enteren, miedo a seguir siendo la burla que era en el colegio, miedo a pensar en que me espera el infierno, bueno como dijo Sartre “el infierno son los otros”. 

El infierno es esta sociedad enferma y este mundo cada día más repulsivo.

 

2 pensamientos en “Cómo me duele

  1. Olvida el miedo, por que no tiene que importarte más que lo que piensen los que realmente te quieren. Los demás en tu vida solo estamos de relleno.
    Un abrazo

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