Adiós Penny Dreadful

tumblr_o94z0sqh3S1tm3g4vo1_500En lo personal me afectó más el final de la serie Penny Dreadful que el “Brexit”. Hacía bastante tiempo ya, que no llegaba a nosotros una serie ambientada en una época pasada y que tan bien retratara el cosmos y la atmósfera de los años desarrollados. Es cierto que en algunos de los capítulos la intensidad, con la que arrancó la serie, bajó. También la capacidad de enhebrar las historias y el sincretismo histórico mermó.

No obstante, pese a esto que menciono, la estética romántica prevaleció y cumplió con todos los renglones de la cosmética del Romanticismo, tanto literaria como plástica. La oscuridad, la soledad, el héroe incomprendido, el amor, la muerte, el vanitas, la poesía, el Londres victoriano, la vida en el puerto, los gustos del momento, los diálogos entre personajes, la maldad, el sadismo, el anarquismo, la inmortalidad, la rebeldía, los prejuicios, entre tantas otras cosas, fueron recogidos y calcados como si en efecto estuviéramos leyendo Frankenstein o el Castillo de Otranto.

pennydreadful3040117rjpg-6da8ca_765wLas constantes alusiones a Tennyson, Shelley, Clare, entre muchos más, no solamente rescatan los clásicos románticos, nos hacen sentir su grandeza y en mi caso incluso el mismo rubor en la piel.  Me quedo con un sabor agrio en los labios, esta última temporada desarrolló personajes extravagantes y extraordinarios como la doctora Seward, la pequeña Justine y la tanatóloga Catriona Hartdegen. Arquetipos románticos que bien hubieran podido explotar otra temporada de ocho episodios.

Considero meritorio recalcar la escena de la batalla final en la cual los protagonistas van a salvar a Vanessa Ives, es un culto, una oda al Romanticismo puro y duro, cargado con dosis de gore y la médula de los penny dreadful históricos. En conclusión, y por enésima vez citando a Baltasar Gracián lo bueno si breve dos veces bueno. Señalo finalmente el excelente reparto escogido y la magnífica actuación de Eva Green como los pilares de esta grandiosa serie.

A pesar de que historias, como la de Mina, Drácula y Dorian Gray, no alcanzaron el clímax añorado, califico esta serie con un 9/10.

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El “Brexit” desde el otro lado…

Es poco, por no decir que vacuo, los efectos que la tendencia del momento #Brexit puede tener en América y más concretamente en América Latina. Acá a este lado con “Brexit” o sin Brexit continuaremos con las mismas vicisitudes y obstáculos. Y es que en los medios informativos se ha tornado una atmósfera catastrófica en las que se pretende mostrar una futura salida del Reino Unido como el apocalipsis o el armagedón.

En mis cursos de Unión Europea, también soy ciudadano europeo por ius sanguinis, y en los coloquios en Bruselas, Madrid y Maastricht aprendí bastante sobre el funcionamiento de la UE como organización y el gran mito que se construyó y levantó sobre el mismo. No debo olvidar que tanto profesores españoles como belgas, mencionaban las constantes peculiaridades británicas con un tono de recelo e ira. Incluso comentarios como “total para lo que componen los británicos” o “esos de UK siempre tan arrogantes” los escuché en más de diez o quince ocasiones.

Quizás duela ahora a ese corazón europeísta, pero considero que en la mentalidad común siempre se vio al Reino Unido como un aparte, que no se unió a la Eurozona y tampoco a la política de libre desplazamiento. Reconocemos que en varias ocasiones, pequeñas crisis, la Unión Europea ayudó y lanzó el salvavidas al Reino Unido, mas Estados Unidos infinidad de veces ha “ayudado” a  Medio Oriente, América Latina, África y la hermandad no ha seguido. Queda feo sí, pero no es un crimen internacional.

Si decimos llamarnos demócratas, debemos recordar que un referéndum es una de las máximas representaciones de la Democracia y pese a no ser una victoria abrumadora no olvidemos que decidimos seguir este modelo en el que la mayoría manda. Se acusa y señala una y otra vez la arrogancia británica como causa y ahora el caos en las redes es la caída de la libra.

Como he dicho, este análisis es desde el otro lado, aquí nuestras vidas siguen iguales, no hay guerra mundial, no hay guerra civil, aquí nos toca preocuparnos por el vecino que sigue en guerrillas, por las medicinas que no llegan a Venezuela, por la pobreza que hay que erradicar y la sociedad que hay que educar. Creo que tenemos problemas más severos de los que ocuparnos.

Lo que a mi juicio veo como gran lección o al menos como factor más importante de este referéndum es la caída del mito europeo. África, América del Sur, países asiáticos e incluso, aunque en menor medida, Norteamérica, siempre miraron a Europa como un ejemplo a seguir, una motivación e inspiración que más allá de conflictos como la crisis de Grecia o los refugiados, cosméticamente siempre era esperanzador y motivador.

Es el mismo conflicto psicológico que enfrentan muchos de mis amigos y allegados al ver como su ídolo se les cae o al menos cojea. Vuelvo y repito, no estamos en los Estados Unidos de América dónde si un Estado decide salir de la unión hay que ir a la guerra y si nos hacemos llamar países democráticos, como exige la Unión Europea para ser parte de su club, respetemos las decisiones que toman los otros y no comencemos una campaña de insultos raciales cargados de complejos y estereotipos históricos.

Cómo me duele

Son muchos los que hoy se identifican con una causa y nos acompañan desde la distancia y las redes en el sufrimiento y el llanto. Gracias, de verdad que gracias por ello. Aun así, son pocos los que saben lo que es vivir con miedo. Un terror que alcanza infinidades de magnitudes, que te acompañó en el colegio, te acompaña en el trabajo y te acompañará en cada lugar y en cada momento de tu vida sin importar la edad o la latitud en la que te encuentres.

Cómo me duele mirar al pasado y recordar las burlas y humillaciones que recibí no sólo de compañeros de la escuela, también de familiares, feligreses e incluso de amigos. Es un dolor crudo e incruento que vas sepultando dentro de ti, que intentas maquillar con sonrisas y gestos vacuos, pero que te desgasta y carcome por dentro.

Cómo me duele ver las redes sociales, leer los diarios y escuchar personas que alimentan doctrinas y pensamientos, por una fe vana y uno valores cuestionables. Esa hipocresía selectiva y colectiva es la que me enerva y más me enferma.

Pocas personas pueden alcanzar a imaginar la agonía y la angustia que envuelve mi dolor. Ese “maricón” que te gritaron en primaria, esa condena perpetua por parte de tus padres y familiares, dado que su “Dios” de amor, condena y castiga a los impuros e infieles, esas carcajadas que escuchas detrás de cada chiste o broma que involucra “gais” y es acompañada de un tono afeminado y burlesco, esa justificación social que hay a todo lo malo que nos sucede, porque simplemente “nos lo merecemos”…

Son tantas y tantas cosas las que me atormentan y en ocasiones como esta detonan. No importa el lugar adónde vaya, la sociedad me ha enseñado que debo agachar la cabeza o suprimir lo que siento y lo que soy, sólo por encajar en su estuche de valores de bolsillo y no ser una víctima de situaciones como la que hoy pasó en Orlando.

Soy un ciudadano más, que pagas sus cuentas, estudió, trabaja, rinde contribuciones y cada día que pasa se decepciona más del “sueño americano”. En conclusión, y como me ampara la constitución, soy uno más igual que el presidente, igual que una mujer de clase media o igual que una persona que con tanto celo grita y predica su heterosexualidad.

La persona con la que decida compartir  mi cama y mi vida no me hace ni mejor, ni peor persona que el resto. Es irónico como una persona en los Estados Unidos, y muchos otros países, puede pasearse con un arma de fuego y sentirse orgulloso y yo debo pensarlo dos veces antes de tomarle la mano a mi pareja.

Cómo me duele este mundo intolerante y radical en el que estoy viviendo. Cómo me duele la incomprensión y la intolerancia. Pero también me duelen los “buscones”, los políticos de pacotilla y los “reyes” de las redes sociales que se aprovechan de mi dolor y de mis miedos para subir más alto en el escalafón social.

La mente me da vueltas y al final todo se resume en miedo. Miedo a salir por unas copas, miedo a ser quien soy, miedo a demostrar afecto a mis amigos, miedo a que en el trabajo se enteren, miedo a seguir siendo la burla que era en el colegio, miedo a pensar en que me espera el infierno, bueno como dijo Sartre “el infierno son los otros”. 

El infierno es esta sociedad enferma y este mundo cada día más repulsivo.