Nuestro fracaso como sociedad y la gran hipocresía de la libertad

Nuevamente Francia, y en concreto París, es víctima de horrorosos y atroces ataques que han cobrado la vida de más de cien personas. Sobra decir que me uno al duelo internacional condenando y repudiando estos actos de cobardía, crueldad e inmundicia. No obstante, es un buen momento para sentarnos a reflexionar sobre nuestro fracaso como sociedad y la gran hipocresía de la libertad.

Desgarra lo más profundo del alma ver el descenso en el valor de la vida humana y como la incomprensión e intolerancia nos vuelven a remontar a conflictos religiosos que creíamos olvidados y que sólo eran dignos de églogas históricas ya pasadas. Hemos fracasado como sociedad, pero peor aún; hemos fracasado como humanidad. Me aventuraré a decir que sucesos como el de Charlie Hebdo mostraron nuestra fácil identificación con un sector particular de nuestra sociedad y el Estado Islámico supo sacar provecho del mismo, seleccionando nuevamente a París como destino de sus barbaridades.

Pocos se atreven a admitirlo, yo no soy de esos, la libertad y la igualdad son dos de las grandes falacias que mejores se nos han vendido y que curiosamente relacionamos con Francia. Como ente social vanagloriamos culturas y las colocamos en un pedestal dantesco derrochador de luz. En el pasado por ejemplo sucedió con Grecia. ¿Por qué Grecia obtuvo su pronta independencia del imperio otomano? Porque en nuestra psiquis helenófila había una necesidad para con los hijos de Homero y Platón. Incluso Lord Byron se enlistó en la milicia y allá fue a combatir.

Comparto esta anécdota para llegar al punto que quiero expresar. ¿Por qué París? Aquí tenemos una posible respuesta. Nuestra cultura occidental nos ha enseñado a enzarzar a Francia como la cuna de la revolución, la igualdad, la libertad y la fraternidad. En suma, París fue la primera capital del arte y como negarlo, es la supuesta capital del amor.

No soy de los que se pondrá a compartir imágenes de Palestina, Iraq, Siria, Yemén y otros lugares con un actual conflicto latente. Respeto el dolor y el luto por las víctimas de París. Ya hay bastantes “hipsters” en las redes sociales haciendo de disidentes y compartiendo estupideces.Todas las víctimas humanas, sin importar su procedencia o nacionalidad, son importantes. Mi solidaridad con ellos no merma el dolor que siento por todos los países en conflicto, la crisis de los refugiados, las muertes y desapariciones en Latinoamérica y la corrupción gubernamental universal.

Ningún crimen, nunca, nunca, nunca, justificará, excusará o cancelará a otro.Si bien queda claro que los horrores de esta humanidad también tienen jerarquía social, poniéndonos ahora a sacar otras tragedias y negándole el luto a las víctimas de estos últimos eventos, no aportamos nada a la mejora de nuestra sociedad internacional, que es frágil y pobre, lo sé, pero los invito a todos a trabajar cada día por mejorarla.

Comento estos planteamientos, porque sumado a todo sigo viendo mensajes de odio hacia las comunidades árabes, musulmanas y del Lejano y Medio Oriente. Empezamos nuevamente el ciclo vicioso de generalización en el que todo lo árabe es musulmán y todo lo musulmán es terrorista, Círculo que se acentúa con las expresiones emitidas por el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Palabras que no son ni tan inocentes ni tan distintas a las emitidas por el expresidente Bush luego de los atentados del 11-S.

Cierro invitándolos a todos a analizar y pensar las cosas antes de escribir y lanzar veneno insípido por los medios. Culpamos al Estado Islámico y ellos mismos admiten su autoría, pero no olvidemos que todos y sobre todo la Civilización Occidental tiene una culpa grande en este alboroto. Todavía en la actualidad los modelos educativos de Francia, España, Estados Unidos y muchos otros países, continúan inculcando falsos valores de superioridad cultural y religiosa. Los nativos americanos siguen siendo las bestias salvajes, en Europa hay una triada casi divina United Kingdom-France-Deutschland que está por encima de rumanos, eslavos y polacos. Sistemas como los que menciono se encargan de perpetuar prejuicios y estereotipos en nuestras promesas del futuro, sembrando la semilla de división y exclusión no sólo en el aula de clases, sino también en el diario vivir.

El Estado Islámico recibe con los brazos abiertos a todos los jóvenes con sed de sangre y hambrientos de venganza, eso es cierto, pero no olvidemos que somos nosotros los “occidentales” los que le damos el último empujón hacia ellos. Dejemos de ser los insensibles, los sarcásticos y los mártires que buscan el agrado en las redes sociales y seamos mejores personas e instrumentos para la paz y el buen funcionamiento global. Mi solidaridad con Francia y con todo el mundo.