Se me está haciendo tarde

No hay nada mejor que despertarse sin preocuparse…

Verge d’or – Fructidor – 2014

Amado Gabriel:

Salí de marcha y me encontré a Carlos y las muchachas. Allí vi a ese chico que una vez me habían presentado y siempre había ignorado. Luego partimos a otro establecimiento donde nuevamente Carlos y las nenas estaban comprando provisiones para ir a la isla de Culebra, todos tomaban mientras daban las dos de la madrugada para salir al puerto, yo me uní a ellos.

Cuando todos partieron hacia el muelle ya no había autobús o taxi que me llevara a casa así que emprendí mi camino a pie, pero tras un rato de caminar me topé con un camino bloqueado por un cadáver.

Allí apareció él, el más bello de los hombres, junto a dos amigos. Fue un flechazo al verlo, de esos amores a primera vista que cuentan en las novelas.

No puedes seguir por aquí—me dijo

Viré y corrí porque pensé que él era el asesino, pero pasó un rato y se unió a mí y me hizo compañía hasta que llegó Pedrito, noté en sus ojos la obsesión que sentía por el misterioso hombre y no lo culpé, más bien lo entendí. Habló algunas cosas sobre un tal Orlando y demandó que el adonis le acompañara, pero se negó y salió echando hostias y otras cosas por la boca.

Comenzamos a descender del camino pedregoso y montañoso y allí a lo lejos divisé a José, mi jefe. No quería que me viera. Luis, así me dijo que se llamaba, me ofreció su mano para pasar juntos y no ser notados. Así sucedió.

Al final aguardaba una casa blanca con ventanas púrpuras muy bonitas, ahí conocí a Mina. Otro flechazo. Pensé por un momento que había muerto y me encontraba en una especie de paraíso. No es normal ver más de una persona con tal magnitud de belleza en un mismo día.

A lo lejos el tumulto se acercaba por el camino de la montaña, habían encontrado el cuerpo, sin duda alguna, y el caos y el miedo los arropaba. La multitud iba dirigida por José, lo divisé rápidamente y también escuché como gritaba mi nombre y me procuraba.

Decidí esconderme y Mina me aconsejó el armario de la recamara final. Allí me dirigí asustado, con una respiración acelerada y una combinación de adrenalina, miedo y satisfacción. Luis se escondió conmigo, nuestras respiraciones se acercaron hasta fundirse, no reaccioné bien del todo cuando ya sus labios estaban sobre los míos…

-Gaël

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