El Último Rey de Sagarmatha

Esperó en su trono hasta que el ocaso llegó a su vida. Nada le era suficiente, nunca estuvo complacido. Su ego le jugó mal las cartas. Su majestad pensó que los controlaba a todos. Gozó de la gracia de muchos dioses en su forma mortal.

La arrogancia combinada con la supuesta supremacía le hicieron osar contra el destino. Hoy se encuentra en su vanagloriado trono, acompañado de su persona y su soberbia. Ahí está recordando sus pecados y esperando pleitesía.

De lo que nunca se enteró fue de que su reinado hacía mucho que había caducado. Era un rey sin súbditos, ni peones. Allí estaba en su amado trono, en la cima que siempre añoró, pero solo y recordando. Para este rey recordar no era vivir, recordar era sufrir.