Seera

Y el gran Seera cayó víctima de sus poderes. Ya no podía controlar el tiempo y lo peor; perdió su invulnerabilidad al paso del tiempo.

Seera

Ahora yace atado sobre la rueda de Láquesis espiando sus culpas. Su único consuelo estriba en un poco de placer fugaz que desmerece al ocaso.

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