Perícles y Merlina

◤…y adónde vaya, adónde vaya, sé que este miedo volverá mañana…◢

 

Azerole – Brumaire – 1989

 

La autopista del sur

La autopista del sur

Transcurría un día soleado y radiante, (un día horroroso para ellos), tenían que ir a la capital, no sabían bien el porqué, pero sí que su deber era ir hacia allá. Muchos pesares, muchas molestias, muchos pretextos, pero al final a las 10:10 a. m. partieron a su destino. Merlina al volante y Perícles en sus libros. Al pasar el peaje de la estación Norte El día comenzó a tornarse gris, luego negro, lluvias fuertes y tronadas hacían dibujos y siluetas en el cielo. Perícles y Merlina comenzaron a sentirse mejor.

No existe unidad o medida de tiempo para explicar el evento sucedido, quizás una cuestión de segundos. Ni siquiera las ventanas cerradas fueron impedimento para que los hermanos oyeran sirenas alarmantes y gritos de angustia. Entre unos cuantos parpadeos vieron patrullas y ambulancia. En instantes Merlina sin comprenderlo aceleraba y aceleraba hasta que ya no podía hundir más su pie derecho en el pedal.

La distancia trajo a la atmósfera nuevas resonancias y sonsonetes. Sin mirar atrás, olor a humo y hedor a muerte traspasaron los vidrios del vehículo. Sonidos de disparos y una gran explosión fue lo último que recordaron.


 …and after all God can keep my soul
England have my bones
But don’t ever give me up
I could never get back up when the future starts so slow.

 

12 de noviembre de 2668~

 

Toledo12Cerrado el portal y tumbados en ruinas de piedra, Perícles y Merlina se encontraron en lo que era un lugar viejo que ya conocían, pero que les resultaba extremadamente diferente y nuevo. De primeras los aires y el paisaje solo aludían a miseria y decadencia. Incorporados decidieron emprender camino y saber en dónde se encontraban.

Al salir del pequeño laberinto de piedra vieja, notaron demasiadas personas hablando infinidad de idiomas que no les resultaron familiares. Sintieron un sol más caliente que cualquier verano que recordarán y la ciudad más bien era los restos de lo que fuera en un pasado.

Sin prensa ni medio comunicativo que consultar, no les quedo más que caminar y caminar hasta dar con alguien que los entendiera. Luego de horas de cansancio y sed encontraron a un grupo de personas que compartían su idioma. Los llevaron a las ruinas de un puente viejo y le contaron que ese lugar en años previos se llamaba el Alcántara, aproximadamente transcurría el año 2668.

Una baza umbría cubrió las tierras algunos siglos atrás y dejó al irse una desproporción acentuada en los días, las noches, las estaciones y la noción del tiempo. Por alguna razón el interior del puente conservó estanques, del agua verdezca del Tajo, llenos de cuervos muertos, podredumbre y putrefacción

PicsArt_1404165786003Las personas que se lanzaban a los arroyos eran transportados a otra dimensión, otro espacio u otro tiempo, era una incógnita, pues ninguno de los osados que se lanzaron había regresado. Una mujer vieja llamada Eudora y que según algunos era una charlatana, había otorgado el título de sagrado al Puente Alcántara y antes de lanzarse a su suerte advirtió que hasta que Alcántara y San Martín no unieran sus restos la era umbría continuaría…

Perícles estudió un rato las aguas, los cadáveres y osamentas de los cuervos, vio como los gusanos habitaban y anidaban los restos de las alas y se regocijaban entre cataratas de carroña y agua estancada. Sin pensarlo ni meditarlo no dijo ninguna palabra a Merlina y se lanzó a una de las ciénagas…


 

…soy una moneda en la fuente con mi deseo pendiente.

12 de noviembre de 2013

 

Sauce-Llorón-Feng-Shui-1Llegó al municipio más conocido del sur, su amiga Lorraine se encontraba viviendo allí, ya hacía un tiempo, y recién estrenaba su piso, así que lo invitó. La casa no era la más grande, pero sí lo era su jardín, podría ser el triple (quizás el cuádruple) de la casa. Merecían honores las ventanas hechas en vitrales coloridos y que casi parecían vivos, pero lo que más distinguía y resaltaba era un enorme sauce llorón y un estanque, para nada cristalino, que en las noches reflejaba las estrellas y la cálida luna del invierno.

Daba la impresión de que junto a las aguas del Leteo había plumas y fragmentos de alas negras. La estadía se prolongó y se fue convirtiendo en una estancia, todas las tardes y hasta entrada las brisas gélidas de la noche, Lorraine lo contemplaba desde su ventana y allí bajo el regazo del árbol siempre estaba Perícles. El árbol se transformó en el lugar de sus reuniones y actividades.

Una tarde tomó la siesta y al despertar sintió el impulso de cavar entre las viejas raíces del gran árbol y aunque se lastimó, y la sangre manó de entre sus dedos, continuó hasta sentir un golpe fuerte y encontrar un libro. Fue como si la tierra conservara al libro, que desde su portada cautivó toda su atención y quedó perpetuada luego de leer el título; L’Empire de aux Antiques et Haute Magie.

Las próximas tardes transcurrieron entre lectura y lectura, hasta que una página se desprendió del libro y la brisa la llevó al estanque donde el agua negruzca parecía absorber las letras de la página y succionar la hoja hasta que la hundió. Allí fue Perícles a intentar rescatar la página, sin razonar ni reflexionar introdujo su mano y una poderosa fuerza magnética lo sucumbió de golpe en las azabaches aguas. Lorraine que lo contemplaba desde los vitrales sólo tuvo tiempo para lanzar un azorado suspiro, Perícles no sabía nadar…

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