Relaciones Internacionales – Esther Barbé

Esther Barbé, Relaciones InternacionalesHace algunos meses comencé a adentrarme en el libro Relaciones Internacionales de la doctora en ciencias políticas Esther Barbé. Inicié la lectura con mucho entusiasmo y ganas de exprimirle hasta la última gota de conocimiento al mismo. Expectativas, apetito voraz y un fin entre ceja y ceja me lanzaron en picada al fabuloso, pero mal entendido mundo de la Diplomacia y las Relaciones Internacionales.

Esther Barbé aclara de antemano lo complicado y difícil de las Relaciones Internacionales en los últimos tiempos. La historia contemporánea está inmersa en muchos procesos, cambios, unificaciones y desapariciones. El mapa mundial nunca ha sido estático, tampoco lo es en la actualidad.

Quizás un poco de lo que abruma el panorama de las Relaciones Internacionales es que no hay una definición precisa y mucho menos clara de qué son y lo que representa un sistema internacional. Contamos con proyectos arquitectos de la disciplina como la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, pero a pesar de ello, muchos pilares como el hambre y la pobreza mantienen de pie a la sociedad.

La primera parte del libro está dedicada a la teoría y los conceptos. El concepto de Relaciones Internacionales tiene una naturaleza de carácter dual, por un lado también involucran relaciones humanas, haciéndolas más complejas. Sin lugar a dudas, las Relaciones Internacionales cubren un contenido amplio y extenso.

Esther Barbé presenta como una de las más acertadas definiciones la expuesta por Antonio Truyol; aquellas relaciones entre individuos y colectividades humanas que en su génesis y su eficacia no se agotan. Esta definición a su vez implica actores o protagonistas, pero anula el postulado de que las Relaciones Internacionales son propiedad del diplomático y el militar. También en este reglón se aclara que internacional NO es lo mismo que transnacional. Finalmente concluye que las Relaciones Internacionales son una actividad humana a través de la cual personas pertenecientes a más de una nación, de modo individual o colectivo, entran en relación.

Así se deja entrevisto que actores y localización son factores fundamentales para las Relaciones Internacionales. Sin embargo, un tercer criterio entra en el tablero; las interacciones, que se introduce como un factor político y económico que trasciende el ámbito de las sociedades nacionales.

En el camino aparecen términos similares como estudios internacionales, limitando al carácter pedagógico la disciplina, política internacional; muestrando la falta de consenso para dominar la disciplina, y política mundial. En este sentido, de manera excelente se aclara que internacional es relativo a entre gobiernos, mientras que mundial es nocivo a lo global.

Muchos de los estados tratan las Relaciones Internacionales desde sus departamentos de política exterior. Lo cierto es que no hay una línea divisora que separe de forma concreta la política nacional de la internacional. Surgen pues las Relaciones Internacionales como un concepto transdiciplinario. Para cerrar la introducción la autora cita a Quincy Wright que dijo: “las Relaciones Internacionales son aun mismo tiempo una historia, una ciencia, una filosofía y un arte.

Generalmente, la génesis de las Relaciones Internacionales es hallada en la guerra, problema social que la mayoría de los estudiosos señalan como creador del concepto, apuntando el 1919, final de la Primera Guerra Mundial, como origen. Esther Barbé presenta el nacimiento de las Relaciones Internacionales como disciplina en la Universidad de Gales, muy asociado al final de la Segunda Guerra Mundial. Las Relaciones Internacionales como concepto o como disciplina, surgen entonces como resultado de una miseria que no está vinculada a la naturaleza sino a la actividad del hombre; la guerra.

El nacimiento de las Relaciones Internacionales a pesar de tener como padres al derecho internacional y la historia diplomática, a su modo, surgió en contra de ellos. En el mundo de las ciencias y artes sociales, nacen las Relaciones Internacionales como una asignatura autónoma de las demás disciplinas. El siglo XX fue un tiempo de crisis, guerras y paradigmas, en ese escenario, específicamente en el periodo de entreguerras, el mundo fue un laboratorio de ideas que se barajó entre las grandes tradiciones de pensamiento: Realismo, Racionalismo y Revolucionismo.

Los pensadores realistas se alinearon a las posturas de Thomas Hobbes y Nicolás Maquiavelo, en síntesis veían el mundo como un estado de guerra de todos contra todos, la paz era solo un periodo de recuperación. Las relaciones que imperan en los realistas son la prudencia y el cálculo antes de actuar. Algunos de los revolucionistas siguieron la tradición de Immanuel Kant, completamente opuesta a los postulados de Hobbes. Aquí las Relaciones Internacionales se definen a partir de los lazos sociales, teniendo como punto de partida la premisa de que los intereses de todos los humanos son los mismos. El conflicto, para ellos, pasaba las fronteras y dividía la sociedad en bloques. El mundo tenía que estar basado en una coexistencia en la que son palpables las posturas de Kant entre elegidos y condenados. Los racionalistas, por su parte, amparados en Hugo Grocio intentaron colocarse en un punto medio, definiendo las Relaciones Internacionales como una sociedad de estado en la cual el juego entre ellos era productivo. Creyendo fervientemente en las reglas y las instituciones.

El mundo continúo, cada estado eligió la filosofía que mejor le pareció y las Relaciones Internacionales se efectuarían según sus criterios. Lo cierto es, que no todas las reglas se cumplen o encajan en los escenarios establecidos. Imponer orden y coherencia en el universo es una tarea difícil. Vivimos en un mundo en el que las naciones soberanas compiten entre ellas por el poder, convirtiendo a las Relaciones Internacionales en un campo de supervivencia.

Esther Barbé hizo para este libro una obra efervescente en las Relaciones Internacionales en España, tema al cual dedicó una sección amplia y abarcadora del libro. Seguido a este capítulo se presenta la dualidad, mayormente rivalidad, entre los conceptos sociedad y comunidad. Aquí se hace un paralelo con los verbos ser y estar, paralelo apreciable para los hispanohablantes ya que lenguas como el inglés y el francés <<to be>> y <<être> no diferencian el ser del estar. Barbé nos señala como la comunidad es una manera de ser, mientras que la sociedad es una manera de estar. Mientras en la comunidad converges, en la sociedad diverges.

La segunda parte del libro está dirigida al análisis de la sociedad internacional. En la misma se desmenuza el sistema internacional, conocemos los actores de la sociedad exhaustivamente clasificados y vemos los diferentes tipos de organizaciones y los renglones que ocupan, así como sus motivaciones, compromisos y realidades. Se presentan Actores Gubernamentales Interestatales como la Organización de Estados Americanos y Actores No Gubernamentales como Amnistía Internacional.

El principio de soberanía por el cual se manejan las Relaciones Internacionales, es trabajado por la autora desde su génesis en el Tratado de Westfalia (1648), donde el monarca impondría la religión en su territorio y a su vez sería soberano. La soberanía es la piedra angular de las Relaciones Internacionales, es lo que diferencia a los estados, pero a su vez los iguala entre ellos. Apreciando aquí nuevamente la dualidad de la disciplina abrazada un poco a la antítesis.

Algo que considero destacado es la clasificación y definición de los múltiples tipos de potencias. Barbé nos cuenta que una potencia es un estado que cuenta con un amplio territorio, población, riqueza y ejército, pero eso no es todo. Tenemos las superpotencias, nacidas luego de la Segunda Guerra Mundial; Estados Unidos y la Unión Soviética. Están las potencias hegemónicas, capaces de marcar las reglas del juego en el terreno económico y militar; Estados Unidos. Rondan también las grandes potencias, países con intereses mundiales como Francia, Reino Unido, Alemania y Japón y finalmente están las potencias medias, con gran tamaño, prestigio y diplomacia activa como España.

En el recorrido por todo el libro se van planteando muchas interrogantes que surgen en el abarcador mundo de las Relaciones Internacionales, en su mayoría son respondidas tenazmente, otras lamentablemente quedan a la incógnita de lo que nos deparará este conflictivo mundo. El mapa mundial sigue cambiando, con la descolonización de África y Asia entraron muchos nuevos actores al escenario mundial. Aun así y conociendo que la Guerra Fría es un conflicto acabado hace años, muchas de las Relaciones Internacionales que imperan nuestros días fueron definidas en ese conflicto.

Como bien señala Esther Barbé, el colonialismo nunca desapareció, nuevas técnicas fueron utilizadas por los antiguos imperios que ahora tienen a los nuevos estados sumergidos en un Neocolonialismo. El hambre, la pobreza y los conflictos como el de Israel continúan latentes y hacen de la sociedad internacional un mito más inaccesible que la Atlántida. En suma, el nacionalismo se presenta como amenaza para las Relaciones Internacionales, trae consigo luchas étnicas, religiosas, sociales, culturales y lingüísticas que perpetúan regímenes represivos y conflictos sanguinarios.

No es fácil la labor de un gobernador, tampoco la de un presidente y mucho menos la de un diplomático. Al igual que un portero de fútbol pueden ser galardonados y alabados en las buenas, pero en el mínimo error se convierten en alguien despreciable y digno de las peores suertes, estando entre ellas la exclusión y la obligación a abandonar su carrera. Puedo decir que este fue un libro de mi total agrado y que aportó mucho a mi visión de mundo, expandiendo mi sabiduría. Lo recomiendo a cualquier persona, no sólo a los historiadores o científicos sociales, sino también a artistas, biólogos y doctores en medicina. No tengo conocimiento si existe una edición más actualizada a la que yo leí, es lo único que señalo como un poco negativo. Han transcurrido eventos vitales e importantes en el mundo de las Relaciones Internacionales desde 1995 hasta el día de hoy.

Desde los tiempos de los reyes medievales hay constancia de la presencia de embajadores y representantes de los demás reinos en sus cortes. Incluso si vemos las antiguas civilizaciones conocemos de títulos y cargos para personas destacadas encargadas de lo que fueran las relaciones con otros territorios. Pactos, alianzas, promesas matrimoniales, tácticas y estrategias todas involucran la Diplomacia y las Relaciones Internacionales. En mi opinión es una disciplina elocuente con una génesis más antigua de lo que se cree. En eventos históricos y en la actualidad queda comprobado que un buen diplomático es una arma tan efectiva como una nuclear. Incluso me atrevo a decir que vale más un buen embajador, cónsul o diplomático que un presidente.

Califico este libro con un 5/5.

1914

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