La luna naranja

Aujourd’hui, on est Pigeon Germinal, 2014

 

Orange Moon

Orange Moon

El día había sido normal, otro igual a los demás. Se me vino la noche encima y con ella algunos mensajes de esos que me hacen revivir la risas tontas y las miradas pícaras de la juventud. Entre mensaje y mensaje el tono se volvió picante y en un salpullido allí estaba con él. Una experiencia nueva para mí y todo fue muy diferente a lo que veía. A fin de cuentas nunca concilio que lo qué debo hacer y lo qué me apetece hacer hagan las paces. No he aprendido de mis errores. Hoy volví a cometer un homicidio, solo que contra mí mismo.

Regresé a casa a tiempo para contemplar el evento del siglo. Esta isla supersticiosa y con necesidad de atención, celebra hasta el primer día en que se puso una tabla para edificar una letrina. Sé que nada salió como pensé. Los sentimientos de culpa y decepción convergen en lo alto de mi cabeza y van anidando en el pecho. Al final resultará que no soy tan diferente a los demás. Soy una pieza más de este espeluznante juego de cosas que llaman vida.

Me tiré en la escalera, sin luz, ni vela. No me importaron los insectos, no me importó el móvil, menos me importó mi ropa. Estuve anonadado casi sin pestañear mientra menguaba y menguaba la luna. Yo esperaba la carnicería y la sangre, esperé y esperé en vano, enverdecí.

Al final resultó que ni rojo, ni bermejo, ni carmesí. La luna desojándose tornó color naranja. Mi color, como los ocasos, como las hojas del otoño. Aquí ando tratando de explicar el éxtasis de tan místico momento. No encuentro el sustantivo idóneo ni el adjetivo predilecto.

El momento en que pude volver a mí y reincorporarme del suelo, no escuché nada, ni siquiera al viento. Pasé de la puerta y observé la autopista del sur completamente intransitada. Las madrugadas son las horas de los camiones, ¿dónde están? Lancé un grito que no produjo sonido, y tampoco noté a los animalillos que minutos previos fornicaban en el césped.

El silencio sepulcral y la quietud elísea solo indicaba una cosa, hoy en la madrugada en esta isla ocurrió un milagro; se detuvo el tiempo. La información sobre cuanto duró este fenómeno no la puedo precisar, fue lo suficiente para atormentarme y recordarme que aquí es donde tengo que estar, que de aquí no saldré, o al menos vivo no, que no hay esfuerzo, ansias, ni motivación que me de consuelo o avance. Tampoco hay persona capaz de arriesgarse y librarme de la pena.

Volví a la escalera lanzándome de golpe y con la esperanza de acabar el martirio, pero allí estaba ella, tan deslumbrante y cegadora como nunca antes. Quedé atontado nuevamente. Concluyo que en mi mundo ideal todas las noches existiría una luna como esta, del color de la felicidad. Acúsenme de daltónico, enfermo mental o pusilánime. Mientras aluden y alaban a su Bloody Moon yo con Bloody Mary en mano, y resignado, retomo mi rostro taciturno y mi mirada anubarrada. Vuelvo al panóptico de esta habitación con menos segundos que hace algún rato.

 

Je suis desolé, il n’y a pas de paradis dans ce cimetière.

-Alain

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