La táctica de Ares

Alain

Alain

No podía explicar lo que le pasaba, abría los ojos, pero le era imposible levantarse. Pasaban los días y todo transcurría igual, tumbado sin poder erguirse. Los alimentos no eran necesarios, ni ir al excusado o tomar agua. Lo único importante era dormir, y más que dormir soñar. Esos sueños de sol y luna roja, sueños de muerte, sueños de ira, sueños de guerra.

Había gozado en su momento de la gracia y los favores de Ares, pero esa dicha llegó a su final. Ahora se enfrentaba a su venganza. Ares, no por bueno, era llamado el más cruel de los dioses. La particular ira del hijo de Zeus y Hera consistía en entrenar a los mortales en las artes de la guerra, pero no de la estrategia. Los hacía osados, viles y crueles, para finalmente, y con la ayuda de su querido Hipnos, sumirlos en sueños eternos. Sueños de miseria y decadencia, sueños en los que eran transformados en los más poderosos asesinos, sueños rojos que los llenaban de ansias de sangre.

Ares

Ares

En ocasiones los atractivos jóvenes despertaban, solo abrían los ojos y contemplaban por pocos segundos el exterior, pero les era imposible caminar. La sed de guerra y muerte los consumía, era ella quien los dominaba y dirigía ahora. No quedaba más que cerrar los ojos y añorar una gran cacería que los empapara de rojo y calmara la sed, sólo quedaba dejar el alma en la guerra y entregar el cuerpo a Ares.

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