El Libro de los Pasajes – Walter Benjamin

“No existe documento de cultura que no sea al mismo tiempo de la barbarie.”

 

Libro de los Pasajes, Walter Benjamin

Libro de los Pasajes, Walter Benjamin

Walter Benjamin trabajó desde 1927 hasta su muerte en 1940, en una magna obra que trataría sobre París. El libro se llamaría Libro de los Pasajes. La preparación de esta obra fue la génesis de otras exitosas publicaciones como las dirigidas a Charles Baudelaire.

Desafortunadamente el Libro de los Pasajes resultó inconcluso tras el suicidio de Benjamin. Quedó entonces una recopilación de apuntes, fragmentos, notas, referencias, citas, comentarios, escritos y páginas de periódico, que fueron editadas y agrupadas para una publicación póstuma. La abundancia en las recopilaciones del autor es una clara muestra de su gran erudición.

Walter Benjamin pretendía que con el Libro de los Pasajes, mediante los detalles minúsculos se descubrieran los grandes acontecimientos históricos para así encontrar el presente. Un postulado que hoy día llamaríamos minimalista. La piedra angular del libro era crear una filosofía material de la historia del siglo XIX. Benjamin quería que la sociedad despertara del sueño en el que estaba inmersa gracias al hechizo del capitalismo.

El libro es una especie de laberinto en el que se alternan la filosofía con la novela negra, la teología se cruza con el marxismo y la psicología converge con el urbanismo. Argumentos y fragmentos salen del territorio parisino, incluso del estado francés y comparan los planteamientos de Friedrich Schlegel con los pensamientos de Friedrich Nietzsche.

Las ciudades en el Libro de los Pasajes, son almacenes de historias que se pueden leer como libros. Muchos filósofos postulan que la filosofía de la historia encuentra su raíz en esta obra. A mi entender Walter Benjamin no intentó restituir la filosofía antigua, mucho menos la teología, su propósito más bien fue trasladar en tiempos y espacios las distintas disciplinas. El mundo del siglo XIX según Benjamin es uno de cosas soñadas, él pretendió liberar a la sociedad adormecida en las historias del Érase una vez… tomadas no como cuentos de hadas, sino como verdades absolutas escritas en alguna biblia o corán.

En nuestro mundo de Cosmogonías y Teogonías, Benjamin postula la Fantasmagonía; espejismos, engaños y ambigüedades en las relaciones, que hacen presa a la sociedad. Las ciudades, más temprano que tarde, terminan convirtiéndose en fantasmagonías y cárceles para el humano, son lugares inventados por la voluntad y el deseo. Paradoja e ironía, ya que el hombre crea las ciudades y luego queda atrapado en ellas.

Históricamente los hombre entraron en luchas por su libertad y rompieron el carácter divino de los monarcas y los clérigos. Eventos como la Revolución Francesa e inventos como la imprenta, han contribuido a la liberalización del hombre. Sin embargo, creó y entregó valores divinos a ciudades como París, Londres, Frankfurt, etc. Poco a poco comenzó a cavar una nueva tumba.

A lo largo de el Libro de los Pasajes, son palpable las reacciones contra el Romanticismo, movimiento artístico y literario que se arraigó a los pasajes parisinos llenos de melancolía y nostalgia. Walter Benjamin reaccionó a muchas citas y escritos de Víctor Hugo, aún así, noticias epistolares de París, es una técnica completamente romántica de la que Benjamin no se escabulló.

Me uno al autor en su exhortación a viajar para conocer la geografía y así romper con las fronteras y barreras mentales que creó la sociedad. También en la crítica y burla a la moda. Una sociedad que se guía por la moda está condenada a su descenso en picada, como le sucedió al famoso Titanic. Una parte del mundo vive bajo el criterio de personas que sin el mínimo conocimiento social, filosófico ni biológico, encabezan pasarelas, mesas y foros, dictando, tal cual acción de dictadura, lo que es lindo, combinable, aceptado y moderno. Muchas de estas personas son como vegetarianos catando chuletones o monjes de celibato hablando de sexo.

Otro de los pasajes en el cual concuerdo absolutamente con Walter Benjamin es en la influencia del clima en las personas. Más allá de la relación persona-ciudad, soy fiel creyente de las influencias de factores externos, como los astros, la energía y el clima, en el comportamiento de las personas. Doy fe de ciudades como Forks y Glasgow en las que impera un temperamento húmedo, días lluviosos  y brisas gélidas, en adición a buenos espectáculos nocturnos de auroras boreal. Mi estancia en estas ciudades, aunque nostálgica y de añoranza, me permitió llegar a un sosiego y temperamento neutral de manera inmediata. Algo imposible en la isla tropical que actualmente vivo.

Para cerrar, no es un secreto la complejidad del texto. El Libro de los Pasajes requiere una lectura pausada y de concentración total. El enlace de todas las citas y pasajes no siempre se puede enhebrar ni separar del texto citado, meollo de la complejidad. Sin embargo, al terminar el libro si eres alguien inclinado al arte, tu apreciación sobre el mismo cambia un poco. Hoy día como ya mencioné, llamaríamos minimalista a Benjamin, ese querer reducir las cosas a su esencia mínima, hace que nos planteemos muchos de los estereotipos y cánones que arrastra la plástica. Desde el Renacimiento el arte gestó un ideal de belleza que se olvidó de la relatividad de las cosas. Esa belleza se acentuó y se transformó en real con el surgimiento del Realismo.

Así pues, Benjamin cuestiona el tradicionalismo, y sobre todo, las instituciones que se encargan de perpetuar un academicismo clasicista, pero que están llenas de talones de Aquiles. No es solo la sátira a la moda y al arte moderno, Benjamin también señala las patas cojas de muchas de las vanguardias y como las mismas en su intento por romper con el pasado, tejieron una nueva moda aún más secesionista que las anteriores. Ahora estamos en la época de los hijos de la bohemia, aun cuando sus hijos desconocen que Bohemia es una de las tres regiones históricas que componen a la república Checa.

El intento de Walter Benjamin pienso que quedó frustrado. Ahora estamos en la época iconoclasta y en la que el nihilismo y el hedonismo se convirtieron en amantes. Como resultado tenemos una sociedad que reproduce los antiguos mitos de la superioridad anglosajona, pues a las ciudades y establecimientos les dan nombres en inglés como Empire, Coffee, Mall,  y si te llamas Pedro Díaz lo mejor que puedes hacer es psudonimizar tu nombre por Peter Days.

Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus. 1485.

Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus. 1485.

Es incluso molesto ver como quedó malogrado el gran legado de Walter Benjamin. Desde temprana edad se somete a los niños a estereotipos de lindo, feo, bueno, malo, correcto e incorrecto. Sumado a eso países que no son grandes metrópolis del arte cada día suprimen y eliminan cursos de artes de los currículos académicos.

Marcel Duchamp, La Fuente. 1917.

Marcel Duchamp, La Fuente. 1917.

Se crean entonces marionetas sociales que solo son capaces de alagar y apreciar obras como El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli, pero molestas e iracundas al ver La fuente de Marcel Duchamp. Incluso al enfrentarlos a una obra del Neoplasticismo o el Suprematismo  sólo recibes como respuesta un cándido “Eso no es arte, yo puedo hacer eso”.

La tarea de Walter Benjamin quedó inconclusa. Sin entrar en los puntos debatibles sobre filosofía, marxismo, capitalismo y demás corrientes en la vida de Benjamin, su labor por despertar a la sociedad de los sueños y ensueños que ella misma crea, es algo que instructores, aficionados y cualquier persona deberían continuar enseñando y aprendiendo.

Mi objetivo, al igual que uno de los de Walter Benjamin, no es hacer que te guste el arte, tampoco que tengas que decir que una obra es “linda” si así no lo consideras. Mi propósito es que puedas  pararte delante de una obra y tengas la capacidad de apreciarla y entenderla, más allá de tu juicio personal y valorativo.

Califico el libro con un 4/5.

1914

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