El marqués nigromante

Enrique de Villena

Sobre Enrique de Villena

Investigando el mundo literario en ocasiones encuentras personajes subversivos y únicos que por diversas razones no son estudiados con el rigor debido. Las vidas de estas personas poco a poco pasan de los cuentos populares a leyendas y de leyendas a mitos. Un caso parecido a esto es el de Enrique de Villena, Maestre de Calatrava y también conocido como Enrique de Aragón el astrólogo. De Villena fue descendiente de familias nobles, por el lado materno de Castilla y por el paterno de Catalunya.

La Cruz de Calatrava

La Cruz de Calatrava

La vida de Enrique de Villena resulta misteriosa y cautivadora. Enfrentó diversas calamidades gracias a la nobleza castellana a la que irónicamente pertenecía. Enrique III de Castilla rescindió del título de Marqués de Villena junto con todas sus posesiones y privilegios, aun cuando de Villena defendió los intereses castellanos con arraigo. También Enrique III anuló su matrimonio con María Albornoz al nombrarlo Maestre de la orden de Calatrava. Enrique de Villena no tuvo más opción tras la muerte de su padre que marcharse a Catalunya donde su abuelo lo crió en las cortes catalanas.

José María Rodríguez de Losada, Enrique III de Castilla. 1892-1894.

Enrique III de Castilla

Enrique de Villena vivió el biculturismo castellano-catalán. En él se presentó la síntesis del perfil político y psicológico de Catalunya, presente en muchos catalanes hasta nuestros días. Enrique de Villena se veía como castellano por nacer en Castilla, pero se sentía catalán por su linaje, formación y educación. Pese a la decepción que recibió por parte del reino de Castilla, y en mi opinión más por razones presupuestarias, de Villena retornó a Castilla hasta que sin posibilidades políticas y gracias a su ineptitud en la guerra, se marchó a Valencia y dedicó sus días a la literatura. Con su muerte, y sin ningún hijo varón, se extinguió la dinastía de los Condes de Barcelona que gobernó Aragón y Catalunya por siglos.

Expansión de la Corona de Aragón

Expansión de la Corona de Aragón

La mayoría de los trabajos literarios de Enrique de Villena tienen un carácter didáctico y pragmático huyendo de lo abstracto y lo moral, casi todas sus obras fueron por encargo. Destacan también las traducciones que hizo de Villena sobre La Divina Comedia de Dante y La Eneida de Virgilio. Una de sus obras más destacadas es el Arte Çisoria, encargada por el cortador del rey.

La obra Arte Çisoria se enmarca como un símbolo de la realeza y cultura medieval. El arte es manejado por el autor como un conjunto de preceptos y reglas establecidas. En el primer capítulo Enrique de Villena introduce las fundaciones de las artes y menciona que existen 60 artes lícitas, aceptadas por la iglesia, divididas en tres renglones:

  1. Artes liberales:  aquellas importantes para las prácticas de las capacidades.
  2. Artes naturales: todas las ciencias.
  3. Artes mecánicas: las que necesitan un instrumento material para realizar su acción.

Arte Çisoria resultó en un manual de medicina y educación, pero también en un libro de cocina. Sus bases teóricas están en las reglas fijadas por Alfonso X en las Partidas.

Bride Frankenstein

Bride Frankenstein

Enrique de Villena estuvo interesado en la alquimia y la astrología. Su conocimiento sobre las ciencias ocultas y artes ilícitas, le costaron varios enfrentamientos con la Inquisición que tras su muerte quemó toda su biblioteca.

Una de las leyendas cuenta que en el final de sus días Enrique de Villena encontró la forma de vencer a la muerte. Para su realización exigió a su fiel ayudante que el día de su muerte no se lo comunicara a nadie y llevara su cuerpo al laboratorio donde debía trocearlo en diminutos fragmentos y echarlos en un matraz que contenía un elixir especial. Lo siguiente sería enterrar el matraz en estiércol de caballo por nueve meses.

La criatura

La criatura

Lo realmente difícil sería pasar por desapercibida la ausencia de Enrique de Villena, por lo cual su ayudante se disfrazó de él e hizo algunas caminatas por los alrededores de Toledo. Aunque todo pareció funcionar, un descuido de su discípulo ante un sacerdote acabó por revelar la verdadera identidad del usurpador. La Inquisición llevó al suplantador a sus sótanos y bajo amenazas y torturas acabó confesando todo.

Acto siguiente la Inquisición fue hasta la casa de Enrique de Villena y sacaron el matraz de entre el estiércol. Los líderes religiosos horrorizados encontraron un embrión con facciones vagamente humanas. Un Inquisidor encolerizado ordenó su destrucción. Mientras pisotearon la masa de carne, un terrible grito que salió de su interior los estremeció a todos.

¿Fue entonces Enrique de Villena el primer Frankenstein o el Prometeo medieval?

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