El Macondo del Caribe

Ayer el grandilocuente Gabriel García Márquez anduvo de natalicio. Iniciador de la corriente literaria que posteriormente llamarán Realismo Mágico, García Márquez, sin lugar a dudas, es uno de los principales y más destacados escritores hispanoamericanos. Nacido en Colombia, dentro de su obra destaca la novela Cien años de soledad, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1982 y convertida en la segunda obra de lengua hispana más traducida.

Es en Cien años de soledad que conocemos al pueblo de Macondo. Un territorio ficticio creado por García Márquez y que guarda mucho de su natal Aracataca. Un hispanoamericano que lee la novela, al finalizarla queda con el sabor de que Macondo es una realidad social, yo diría, no sólo hispanoamericana, sino latinoamericana. Así pues nos encontramos con una Latinoamérica llena de Macondos. En lo que a mí compete vivo en una isla caribeña que ya varios la han llamado Macondo, sin llegar al vínculo de la comparación concreta. Dicho esto quizás este pequeño ensayo no sea innovador en el sentido análogo, pero si en el explicativo.

El pueblo de Macondo tuvo una génesis divina, pues fue por un sueño que José Arcadio Buendía supo donde asentar. Algo similar sucede con la isla de Puerto Rico. La mayoría de los libros de historia de Puerto Rico que leí de pequeño, narran a un Cristóbal Colón similar al Moisés bíblico; buscando tierras prometidas y quedando prendado de belleza con esta isla, aun cuando sabemos que llegó primero a La Española y que no hay constancia de que en su primer viaje divisará Puerto Rico.

Pero eso no importa, quienes escriben la historia de Puerto Rico desde temprana edad sintieron una necesidad de ser el ombligo del mundo y amparándose en una Cédula en la que el rey llamó a la isla “La llave de las Indias“, desde entonces sólo se cuenta la historia de Puerto Rico como la isla favorita de España, hipótesis que se acentúa con el proceso de construcción de fuertes en San Juan, el que España cediera a Gibraltar y no a Puerto Rico a su enemiga Gran Bretaña y la creación del situado mexicano, que muchas veces ni llegó.

La realidad fue que los nativos desaparecieron de la isla, que Puerto Rico no contó nunca ni con oro ni con plata a las magnitudes de países como México o Perú, que sin más se introdujeron los esclavos y la isla no fue más que un punto de tráfico de esclavos. Una isla que lo único rico que tenía era un puerto y eso cuando los piratas y corsarios eran “buena gente”.

La historia en Macondo es una estructura cíclica en la que los acontecimientos del pueblo y los nombres de los personajes se repiten una y otra vez. Puerto Rico tiene historia cíclica; primero dominó el imperio español, ahora el yanqui, primero España no le hizo caso, pero le besaban los pies por cédulas y unas cuantas migajas, ahora Estados Unidos chupa hasta el tuétano de la isla, pero le besan el culo por unas ayudas federales (que son mucho menos de lo que los títeres se llevan del país) y unos sueños de progreso que tienen patas de barro.

Con los nombres pasa algo parecido y es una situación más contemporánea. Un benévolo imperio primero concedió una ciudadanía (con dobles intenciones) y después en muestra de amor le permitió la democracia al pueblo puertorriqueño. En la reciente historia política de Puerto Rico basta tomar un libro para encontrarnos con los 17 Aurelianos de Macondo, los Jose Arcadio (primeros y segundos) y unas que otras Amarantas.

En ocasiones cambian los nombres, pero los apellidos siguen en la oligarquía política de la isla. Los mejores ejemplos de este panorama están en los Luises, como el hijo de un buen Luis fue buen gobernador, la isla se obsesionó con el hijo de un Rafael exgobernador para que aspirara a la gobernación, pero bendito no se dio y ojo que como un Rosselló fue tan generoso y progresista, se asoma otro Rosselló al que hasta los más homofóbicos estadistas besarían y una que otra señorita se abriría de piernas.

La llegada del tren trajo a Macondo el progreso, el telégrafo, el gramófono y el grandioso cine, convirtiendo al pueblo en un destino atractivo. Aquí Puerto Rico no sé parece a Macondo, la isla contó con un tren de carga y pasajeros que circundaba toda la isla, pero que con la llegada de los gringos se decomisó porque “era una cosa antigua y fea.” Así pasaron años y años, haciendo énfasis en unas autopistas basadas en los modelos estadounidenses y en el cemento de la compañía de uno de los grandes y más buenos gobernadores.Mira si son prácticas las autopistas que hasta en el centro tienen el espacio para acumular la nieve que tanto afecta a esta isla tropical de noviembre a marzo. Y claro siendo la isla con más carreteras por milla cuadrada ningún puertorriqueño te dirá que hay embotellamiento, el flujo de automóviles es casi de enseño.

Tampoco se puede pasar por alto que construyeron un tren hace algunos añitos, un tren de lo más pragmático y chulería, pues aunque tardó años en construirse y uno que otro caso de corrupción envuelto, ahora tenemos una estupenda línea férrea que no va al aeropuerto, no va al Viejo San Juan, no va al principal centro comercial de la isla, no va a ninguna playa y tampoco conecta toda el área metropolitana de la isla. Pero claro, el tren tiene paradas en urbanizaciones y sectores de la alta sociedad del país para que los pobres e indocumentados se desplacen a limpiar y trabajar en las casas de la “gente de chavos.”

En su comienzo Macondo, era un “mundo ideal”, igual que Puerto Rico, un paraíso para ir a hacer fortuna y vivir la Belle vie quoi! Como dice una canción de esas populares en la juventud de ahora: “la latitud perfecta donde tuesta el sol y la lluvia refresca.” El pueblo de Macondo vivió aislado y en el olvido, a la espera de los gitanos para traer los nuevo inventos. Pasa igual con Puerto Rico que vive entre la espera de la llegada de un nuevo modelo telefónico y entre el olvido de las demás naciones que poco a poco pierden las ganas de ayudar a una nación que no se ayuda a sí misma.

Al igual y como la peste y el insomnio asolaron Macondo y acabaron en una pandemia de pérdida de memoria, Puerto Rico vive en una amnesia autoprovocada. Se pretende olvidar la crisis económica y gubernamental porque dios proveerá a la isla y la bendecirá. Intentan olvidarse de la crisis social y la criminalidad, porque se hizo justicia en el #CasoCasellas, pero al mes muren entre 4 a 6 personas víctimas de violencia doméstica y todo se queda en casos sin resolver.

Se olvidan que tuvieron la oportunidad de cambiar el gobierno y acabar con el bipartidismo absoluto que impera en la isla, pero por tres “trapo” ‘e promesas que les hizo un político engalanado, la cosa sigue igual. Y una de las peores cosas es que Puerto Rico se enajena del mundo, pues lo que pasa en Ucrania esta por allá lejos y lo que pasa al lado en Venezuela lo más que les provoca es un suspiro y un gélido “ay bendito.”

La narración de Macondo presenta hechos y sucesos irreales en su diario vivir. Puerto Rico no es foráneo a esto pues un hombre puede asesinar a su esposa, ser declarado culpable y recibir un trato cinco estrellas en la cárcel. Un estudiante graduado de bachillerato y maestría no consigue empleo y no le queda de otra que recurrir a un “fast-food” mientras que existen senadores y funcionarios gubernamentales que con un cuarto año jalao’ y un español de pésima categoría ganan un salario que podría mantener a dos familias de la clase media. Los libros de matemáticas y ciencias incluso se cambian cada cinco años, pero las clases de artes e historia de Puerto Rico desaparecen del currículo académico. Acaso ¿no son estas situaciones irreales del diario vivir?

En Macondo son frecuentes las exageraciones del entorno, en Puerto Rico nos encontramos con un hipócrita, pero exagerado sistema religioso que no es más que un fanatismo retrograda que perpetúa el estancamiento del país. Un ejemplo es el del proyecto de turismo que se intentó emplear en la costa suroeste al estilo Punta Cana en República Dominicana y los religiosos saltaron a decir NO, NO y NO. Religiosos que condenan y persiguen a los homosexuales y lujuriosos y actualmente están enfrentando cargos algunos de sus líderes por violaciones a menores. Por ese mismo “laito” viene el fanatismo político, está el partido más homofóbico y retrasado con el lema de “progreso e igualdad” y no contemos de la “Juventud Estadista” que  se puede resumir en la Jaula de las locas.

Pero de por sí Puerto Rico es un país hiperbólico y aquí cito al mismo Gabriel García Márquez:

“Los puertorriqueños están entre ustedes pero no son de ustedes. Los puertorriqueños beben en la misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen de la música. Los puertorriqueños toman en serio los chistes y hacen chistes de lo serio. No creen en nadie y creen en todo…Los puertorriqueños nacen con sabiduría. No necesitan leer, ¡todo lo saben! No necesitan viajar, ¡todo lo han visto! Los puertorriqueños son algo así como el pueblo escogido, por ellos mismos…”

Al fundador de Macondo, José Arcadio, lo persigue un fantasma que lo atormenta, Puerto Rico tiene muchos fantasmas y almas en pena que no descansarán y lo acompañarán hasta que el cordero del escudo del país se pare y muestre que tiene un par de cojones bien puestos y en su sitio. Una teoría sugiere que el nombre Macondo tiene su raíz en la palabra makonde que en lengua centroafricana significa “alimento del diablo.” Puerto Rico lleva desde 1898 siendo el alimento del diablo, un Diablo que con sueños, mentiras y atropellos devora cualquier destello de luz y sabiduría.

Un Macondo en ruinas lleno de pantanos y calles repletas de muebles despedazados y esqueletos de animales cubiertos de lirios colorados, esperó por el viento para ser borrado de cualquier memoria humana. ¿Será este el destino que le espera a Puerto Rico? ¿Será esto lo que quieren los puertorriqueños? Qué el escudo protector que Dios le tiene a la isla sea retirado y azoté un huracán o terremoto y los desaparezca de esa latitud perfecta e idílica. ¿Pasarán a la luna y seguirán siendo boricuas en la luna? ¿O despertarán  un día con colas de cerdos y se dejarán comer por las hormigas?

Aquí me encuentro y aquí vivo en esta isla llamada Puerto Rico a la que amo y quizás no sepa vivir sin ella, pero la que me pega fuerte en las entrañas y cada día me hace perder las esperanzas. Si el cinismo de estas palabras te toca hondo y eres puertorriqueño te invito a reflexionar y aportar tu grano de arena por el cambio y no por la historia cíclica que ha definido a esta isla desde antaño.

Un pensamiento en “El Macondo del Caribe

  1. Pingback: La Despedida | Un Robinson en una isla desierta

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